Una Cabeza Herida, Una Serpiente Muerta: Una Victoria Eterna

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Una Cabeza Herida, Una Serpiente Muerta: Una Victoria Eterna

Jueves, Abril 20 del 2017

 

Hace unos tres años, maté una culebra en mi oficina en la casa.

 

Ahora, quisiera poder decirles que “maté una culebra” es una expresión idiomática que significa, por ejemplo: “terminé un proyecto difícil” o “pagué una deuda” o algo similar.

 

Pero no. Las palabras significan exactamente lo que dicen: Hace unos tres años, maté una culebra en mi oficina en la casa.

 

Bueno, no exactamente …

 

Sí, estoy hablando de una verdadera culebra. De unos 40 cm de largo. Negro, con rayitas rojas.

 

Y sí, la encontré en mi oficina en la casa. En el segundo piso (¿cómo logró subir hasta allá?). Acostada en el piso frente a mi escritorio.

 

Y sí, sucedió hace unos tres años.

 

Sin embargo, no, en toda honestidad no la maté yo. Yo en verdad estaba parada encima de mi cama en mi habitación junto con mi hija de 16 años, echando vistazos hacia la oficina desde una distancia prudente, mientras mi papá y un vecino que habíamos llamado para ayudarnos (¿no quisieras ser nuestro vecino?) trataban de matarla.

 

Sucedió así:

 

Después de almorzar un viernes, subí de nuevo a mi oficina en la casa para seguir trabajando, precisamente, en Reflexiones Para Vivir. Al entrar al cuarto, vi algo negro y rojo tirado en el piso. Pensando que era un collar mío que se había caído, me agaché para recogerlo. Cuando se movió, mejor dicho cuando se enroscó y culebreó con la cabeza en alto así como hacen las serpientes – ¡en ese momento entré en pánico!

 

“PAPAAAAAAAAAA!” (mi esposo, gracias a Dios, no estaba en casa – si hubiese estado, no me hubiese ayudado para nada, porque él con las maletas hechas ya hubiese estado en camino a Medellín, y yo hubiese tenido que enfrentar a la culebra sola – ¡a Ruben le aterrorizan las culebras!) Entonces, llamé a mi papá (¡se imaginan cuan feliz estaba él que recién había llegado del Canada a visitarnos!).

 

Con palos y palas en las manos, mi papá y nuestro vecino subieron las escalas. Pero mientras llegaron, la Sra. Culebra se había deslizado entre mi escritorio y el closet, y solo la punta de la cabeza era visible.

 

¿Ahora que podíamos hacer? No había NINGUNA posibilidad en este mundo de que yo iba a seguir con mi vida normal, trabajar en mi escritorio y dormir en mi cama, sabiendo que tenía una culebra muy viva debajo de un closet en mi casa. Todos nos quedamos parados allá, sin saber que hacer (en ese momento, ya había llegado también mi mamá con la cámara, y mi hijo Andrew y otra vecina asustada estaban mirando desde la distancia).

 

Entonces, ¡tuve una idea brillante! RAID. Podríamos rociar RAID debajo del closet. Que probablemente no mataría a la Sra. Culebra, pero quizás el olor tan potente la tentaría a salir de su escondite. Luego, mi papá y nuestro vecino valientes podrían encargarse de hacer algo con ella.

 

Eso es lo que hicimos. Y eso es lo que sucedió. Después de medio frasco de RAID, la Sra. Culebra primero sacó la cabeza desde debajo del closet, y luego salió completamente.

 

¡Y fue en ese momento que empezó el alboroto total! Mi papá y nuestro vecino agitaron y golpearon los palos y las palas por un buen rato, tratando de atrapar la muy rápida y resbaladiza (¡y probablemente igual de asustada!) Sra. Culebra. Catherine y yo brincábamos encima de la cama, gritando instrucciones inútiles. Y los demás saltaban en la distancia, haciendo lo mismo. (¡Tan fácil para nosotros “aconsejar” desde una distancia segura, mientras los dos hombres estaban en plena batalla locamente tratando de atrapar la culebra antes de que se escondiera de nuevo entre o debajo de algo!).

 

En un momento de ayuda de arriba, el palo del vecino logró clavar la cola de la Sra. Culebra contra el escritorio de madera. Pero ahora, ¡la Sra. Culebra se asustó y se enojó de verdad! Por un largo rato, el resto de su cuerpo se retorcía y ella culebreaba por aquí y por allá, hacia arriba y hacia abajo, en un esfuerzo muy valiente pero vano de liberarse. En verdad, no había nada que podíamos hacer sino tratar de matarla. Solo atraparla, colocarla encima de una pala, y sacarla afuera donde debería de estar era imposible – la Sra. Culebra estaba demasiado agitada para obedecer con tranquilidad. Entonces, mientras mi papá trataba y trataba de atraparla y matarla, y mientras el vecino insistía en que tenía que machacarle la cabeza, y mientras los demás brincábamos y gritábamos ya-ni-me-acuerdo-qué, la escena de la batalla seguía.

 

 

Hasta que, por fin, mi papá logró darle el golpe mortal. La cabeza de la Sra. Culebra estaba machacada, ella estaba muerta, y la guerra se acabó. La Sra. Culebra ya no estaba viva, y ya no era una amenaza. Mi papá y nuestro vecino la habían confrontado en batalla, y habían ganado. Ahora yo podía volver a mi trabajo en mi escritorio con tranquilidad y podíamos volver a dormir con confianza en nuestra cama, sabiendo que la culebra ya no estaba viva y dentro de nuestra casa.

 

No fue hasta la siguiente mañana que me acordé de las palabras de nuestro vecino, y que esas palabras me acordaron de unas palabras similares que Dios habló a otra Serpiente en un Huerto hace muchos muchos siglos.

 

“¡Tienes que machacarle la cabeza! ¡La única forma de matar a la Sra. Culebra es destruyéndole la cabeza!” insistía nuestro vecino una y otra vez.

 

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente (después de haber tentado a Adán y Eva a pecar contra los mandatos de Dios): Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Génesis 3:14,15)

 

Desde ese día en adelante, Dios puso enemistad y odio entre la serpiente y la mujer, es decir entre Satanás (representado en la serpiente) y toda la humanidad (representada en la mujer Eva). Un día muchos siglos más tarde, una simiente o un descendiente de la mujer seria herido “en el calcañar” por “la serpiente” Satanás – pero él mismo lo heriría “en la cabeza”. Y eso es lo que pasó hace unos 2000 años. Jesucristo, el Hijo de Dios, nació en la tierra, vivió y trabajó y enseñó e hizo milagros hasta el día cuando Satanás le hirió “en el calcañar” y fue crucificado y murió – pero tres días después Jesucristo resucitó de la muerte, conquistando el pecado y la muerte y a Satanás mismo al herirle “en la cabeza”.

 

En los días de Navidad, recordamos el nacimiento de Jesús en Belén. Durante la Semana Santa, celebramos Su muerte y Su resurrección en Jerusalén. Jesucristo nació para morir, nació para morir por nuestros pecados para que pudiésemos tener vida eterna – y al resucitar de los muertos tres días más tarde, nació para conquistar la muerte y para vencer a nuestro gran enemigo, Satanás, la serpiente de antaño.

 

La única manera en la cual nosotros podríamos matar a la Sra. Culebra que había entrado a nuestra casa hace tres años era herirle “en la cabeza”. Y la única manera en la cual Satanás, la serpiente en el Huerto del Edén, podría ser destruido para siempre era si Alguien más santo y más poderoso viniera para herirle “en la cabeza”.

 

“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15) – el don de Su único Hijo Jesucristo, el cual vino a la tierra hace 2000 años para ser el “matador de serpientes” por excelencia!

 

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

 

“¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva…” (1 Pedro 1:3)



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