LA CUARESMA: Dia 25 - La Pascua: Mas Grande Que Una Sola Casa

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Miércoles, marzo 14 del 2018

En el Nuevo Testamento leemos: “El siguiente día vio Juan (el Bautista) a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29)

En el Antiguo Testamento leemos: “Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo … Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el numero de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.” (Éxodo 12:1,3,4)

Cuando se iba a celebrar la primera Pascua, Dios dio la orden de que cada familia israelita tomara un cordero para hacer un sacrificio. El cordero tenía sus especificaciones, así como el qué hacer con la sangre y con la carne, y en qué momentos. Pero hay dos cosas interesantes en las directrices sobre el cordero de cada familia.

Primero: si uno lee que, en ese entonces, hubo unos 600,000 hombres entre los israelitas (Éxodo 12:37), podemos suponer que hubo también más o menos 600,000 sacrificios de corderos, uno por familia, con un hombre como cabeza de cada hogar. ¡Esos son muchos sacrificios!

Y segundo, como lo dice el versículo 4: “Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.” Qué curioso eso: Dios dio una instrucción específica si la familia era demasiado pequeña para un cordero. Normalmente, nosotros nos preocupamos si tenemos muy poca comida, pero casi nunca nos inquietamos si tenemos demasiada. Dios sí se preocupo por eso.

¿Y qué podrían significar estas dos realidades?

Primero, vemos que en el tiempo del Antiguo Testamento se celebraba la Pascua cada año, y cada año cientos de miles de corderos se sacrificaban en conmemoración del ángel de la muerte que “pasó de largo” a las casas de los israelitas. Ahora en el Nuevo Testamento, vivimos una realidad muy distinta, expresada en Hebreos 10:12: “… pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados …”  Ya no se necesitan miles de sacrificios, año tras año, para que Dios “pase de largo” a nuestros pecados – la muerte de Jesucristo en la cruz del Calvario, un solo sacrificio, una sola vez, es más que suficiente para quitar el pecado del mundo entero.

Segundo, vemos que el Cordero de Dios, el Mesías de Israel, Jesucristo, era demasiado grande solo para la casa de Israel. Por eso, los gentiles también fueron incluidos en las promesas y en los pactos de Dios por la sangre del Cordero. Así lo explica Pablo en Efesios 2:11-13: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

Este es Jesús el Cristo. Es el Cordero de Dios que “se presentó una vez para siempre por el sacrificio de Sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26b). Es el Cordero de Dios que es más grande que cualquier familia, o casa, o comunidad, o ciudad o nación; Él, y solo Él, es suficiente para quitar todo el pecado de todo el mundo, para siempre. 

Amados: démosle gracias a Dios Padre y a nuestro Salvador y Señor Jesucristo por Su único y suficiente sacrificio como Cordero expiatorio. Y recordemos que Él es demasiado grande solo para nuestras familias y nuestras casas; también es más que suficiente para los que nos rodean. Este año, en esta Cuaresma, invitémosles a que compartan con nosotros el Cordero de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)
 
(Gracias a Marty Waldman por las ideas en esta reflexion …)



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