LA CUARESMA: La Pascua - La Sangre Derramada

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Miercoles, 27 de marzo de 2019

Ayer hablamos del “cordero” y del “Cordero” de la Pascua.

Hoy hablaremos de la sangre del “cordero” y la sangre del “Cordero” de la Pascua.

Según Éxodo 12:7,12,13,22,23 aprendemos que:

-    después de inmolar el cordero, cada familia del pueblo de Israel debería tomar un manojo de hisopo, mojarlo en la sangre y untar el dintel y los dos postes de la casa con ella, porque esa noche Jehová iba a pasar por la tierra de Egipto hiriendo a todo primogénito así de los hombres como de las bestias – “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”

En Levítico 17:11 vemos que “la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” Hebreos 9:22 completa la idea diciendo que “casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” ¿Qué significa “expiación”, y qué significa “remisión”? La palabra “expiación” viene de una palabra hebrea que significa “borrar” o “cubrir” – significa la entrega de un sacrificio para borrar o cubrir la culpa por unos pecados cometidos. La palabra “remisión” significa el perdón de una culpa o condena que priva de libertad a una persona. ¿Dónde está la vida, según Levítico? Está en la sangre. Es la sangre que borra y cubre la culpa de los pecados por medio de un sacrifico; es la sangre derramada que efectúa el perdón por los pecados cometidos; es la sangre que purifica lo profanado.

Por eso, la sangre untada en el dintel y en los dos postes de las casas de los israelitas en Egipto marcó donde el heridor no podía entrar para matar a los primogénitos, porque en esas casas los pecados estaban cubiertos y borrados por la sangre derramada de los corderos. Esa verdad se tenía que tomar por fe; los israelitas tenían que creer que las palabras y los mandatos de Dios eran verdaderos; y que ellos, al obedecer y poner la sangre en la puerta de sus casas, no iban a morir sino vivir por esa sangre.

En el Nuevo Testamento, es la sangre de Jesús, el Cordero de Dios, que hace “expiación”, “remisión” y “purificación” de nuestros pecados. Esa verdad también se tiene que tomar por fe; nosotros tenemos que creer que las palabras de Dios son verdaderas. Dios nos ha dicho que el sacrificio de Su Hijo Jesús en la cruz del Calvario nos perdona y nos salva. Como dice 1 Timoteo 1:15: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.” Y Romanos 10:9 dice “que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.”

En Marcos 10:45 se habla de un “rescate”: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
  
En el Salmo 130:7 y en Efesios 1:3,5-7 se habla de “redención”; es decir, el rescate que se pagó con la muerte de Jesús en la cruz para liberar de la esclavitud a los cautivos: “Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con Él; y Él redimirá a Israel de todos sus pecados.” “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”, habiéndonos escogido y predestinado “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”

Además, podemos ver que la sangre de Jesús:

-    cubre el pecado (Romanos 4:7)
-    limpia el pecado (1 Juan 1:7)
-    lava el pecado (Hechos 22:16)
-    quita el pecado (Juan 1:29)
-    sepulta el pecado (Miqueas 7:19)
-    borra el pecado (Isaías 43:25)

Mediante la sangre de Jesús, Su pueblo es santificado (Hebreos 13:12).

Mediante la sangre de Jesús, tenemos vida en nosotros (Juan 6:53) y vida eterna (Juan 6:54), permanecemos en Él (Juan 6:56), y tenemos comunión con Él (1 Corintios 10:16).

Mediante la sangre de Jesús, tenemos “libertad para entrar en el Lugar Santísimo” (Hebreos 10:19), donde nos podemos acercar “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Amados: démosle gracias a nuestro Dios por “una salvación tan grande” (Hebreos 2:3) – proclamemos aquí en la tierra así como un día proclamaremos en gran voz junto con una gran multitud en el cielo: “¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro.”



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