La Cuaresma Dia 8 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

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LA CUARESMA DIA 8 – Jueves 14 de marzo de 2019

 

“Muchos fueron los intentos que se hicieron contra la vida de Jesucristo, sobre todo cuando declaró ser el Hijo de Dios. Pero su muerte quedó formalmente decidida cuando manifestó el poder que poseía sobre la muerte al resucitar a Lázaro. “Así que desde aquel día tomaron el acuerdo de hacerle morir.” (Juan 11:53)

 

Antes solía hablar primero de su muerte y luego de su resurrección. Esta vez habló primero de su resurrección cuando sus enemigos aludieron a su muerte. La tumba vacía de Lázaro suscitó la resolución de dar una cruz a Jesús; pero Él, a su vez, daría la cruz a cambio de la tumba vacía.

 

No era la primera vez que hablaba de su resurrección. En los primeros días de su vida pública, cuando dio alimento a las multitudes y se prometió a sí mismo como el Pan de Vida, dijo que daría resurrección a otros: “Pues que ésta es la voluntad de mi Padre, que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero...” (Juan 6:40) Estas palabras trascendían las predicciones de su propia resurrección; era una afirmación de que todos los que creyeran en Él y vivieran por medio de una vida resucitada gozarían de la resurrección por medio de su poder.

 

Anteriormente había resucitado ya a otras personas de entre los muertos. Una fue la hija de Jairo, la otra fue el hijo de la viuda de Naím. La primera acababa de morir; el segundo estaba ya en su ataúd; pero la resurrección más sorprendente fue la de Lázaro.

 

Cuando nuestro Señor llegó a Betania, ya hacía cuatro días que Lázaro estaba enterrado… Al saber la llegada de Jesús, Marta, la activa, se levantó y corrió presurosa a su encuentro, mientras permanecía María en la casa. Marta había confiado un poco en el poder de Jesús, pero solamente un poco, puesto que le habló así: “Si hubieras estado aquí, no hubiese muerto mi hermano.” (Juan 11:22) Al decirle a nuestro Señor que su hermano resucitaría, Marta convino en que así sería, en efecto, en la resurrección general del último día. Marta, aunque creía en la resurrección, no sabía que la Resurrección estaba delante de ella… “Yo soy la resurrección y la vida.” (Juan 11:25)… Al combinar ambas cosas, afirmó que en Él hay una vida que, al morir, se eleva a la perfección; por lo tanto, la muerte no era el fin, sino el preludio de una resurrección a una vida nueva y cabal.

 

Lázaro salió de la tumba envuelto con vendas y el rostro cubierto con un sudario; las manos amorosas de sus hermanas le despojaron de tales trabas, y el que había estado cautivo por la muerte fue restablecido a la vida. Allí, a la plena luz del día, en presencia de testigos hostiles a Jesús, fue resucitado un hombre que había estado muerto por espacio de cuatro días.

 

De la misma manera que el sol brilla sobre el barro y lo endurece, y brilla sobre la cera y la ablanda, así este gran milagro de nuestro Señor endureció algunos corazones para la incredulidad y ablandó a otros para la fe. Algunos creyeron, pero el efecto general de aquel milagro fue que los judíos decidieron condenar a muerte a Jesús.

 

Caifás, el sumo sacerdote… les ofreció una solución que contenía más verdad de lo que él mismo sospechaba. “Vosotros no sabéis nada, ni consideráis que nos conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.” (Juan 11:49-50)… Poco sospechaba Caifás el verdadero significado de sus propias palabras, ya que efectivamente convenía que un solo hombre muriera por toda la nación para que toda la nación no pereciera... Caifás afirmaba, aunque inconscientemente, que Cristo era una víctima ofrecida por el pueblo judío y por toda la gente. u muerte sería una muerte vicaria, muerte por otros; su vida sería un sacrificio ofrecido para el bien de otros… Nuestro Señor había dicho que venía a dar su vida en rescate por la humanidad pecadora; Caifás lo dijo también, aunque sin darse cuenta de lo que estaba afirmando. El Buen Pastor moriría a fin de que hubiera “un solo rebaño y un solo pastor”.

 

Una resurrección fue lo que selló su muerte. Puesto que una piedra acababa de ser quitada de un sepulcro y un hombre era llamado para que volviera a la vida, las autoridades decretaban ahora que una piedra estuviera preparada para cerrar el sepulcro de Jesús.”

 

(Capitulo 31, pgs. 295-305)



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