La Cuaresma Dia 9 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

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LA CUARESMA DIA 9 – Viernes 15 de marzo

 

La intuición de una mujer comprendió más que los mismos apóstoles, aunque a éstos se les había predicho explícitamente la pasión y la muerte del Maestro. Esta mujer era María, la que había sido pecadora. Esto ocurría seis días antes del viernes santo: el lugar fue la casa de Simón, aquel Simón que había sido leproso.

 

Cuando ya casi terminaban de cenar, María se dirigió a Jesús llevando un vaso con ungüento de nardo puro. Este ungüento era muy precioso; Judas, que ponía precio a todas las cosas, calculó que valía el sueldo de todo un año de un trabajador. Aquel ungüento resultaba caro para Maria, pero no demasiado caro para el Hijo de Dios.

 

El vaso era de alabastro probablemente, con un cuello largo y estrecho. María lo rompió para que el ungüento pudiera derramarse sin tasa, en abundancia, sobre la cabeza y los pies de Jesús. Días después, durante la última cena, El rompería pan como prenda de su cuerpo, que había de ser quebrantado por la muerte en la cruz. Del «espíritu contrito» de María salía aquella ofrenda, que era una vaga prefiguración de la muerte del Maestro. En su nacimiento, los reyes magos habían traído mirra para su muerte y sepultura; ahora, hacia el término de su vida terrena, María traía aquel ungüento para su muerte… Incluso su nombre de «Cristo» significaba «el Ungido de Dios», o el Mesías… Nuestro Señor salió en seguida en defensa de la mujer: “Dejadla.” (Juan 12:7)… “Ella ha hecho cuanto podía: se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura.” (Marcos 14:8)

 

María estaba ofreciendo algo a Jesús como si éste fuera ya la víctima que había de ser sacrificada por los pecados del mundo. El derrame del ungüento era una anticipación del embalsamamiento en el pensamiento de María, como lo estaba en las mentes de los magos, que también con su ofrenda de mirra anunciaron por adelantado la muerte del niño Jesús, pero el Señor convirtió en algo consciente lo que en ellos era inconsciente. Seis días antes de su muerte, María le ungía ya para su sepultura.”

 

(Capitulo 32, pgs. 306-308)



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