La Cuaresma Dia 21 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

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LA CUARESMA DIA 21 – Viernes Marzo 9

 

Nuestro Señor había dicho su última palabra al mundo, había obrado sus milagros como una señal de su divinidad, había terminado la labor que su Padre le había encomendado. Había llegado el momento de dirigir a su Padre celestial la oración propia de sumo sacerdote, la oración de “Misión cumplida”… “Padre, la hora ha venido; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique a ti; según le has dado potestad sobre toda carne, para que a todos aquellos que le has dado, les des vida eterna. Y ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora, pues, ¡oh Padre!, glorifícame tú contigo mismo, con la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan 17:1-5)

 

Definió la vida eterna como el conocer al Padre y a su divino Hijo, Jesucristo… Lo curioso de su afirmación de que Él es la vida eterna, es que la hizo en las dieciocho horas que precedieron a su muerte… Él era el “Cordero sacrificado desde la fundación del mundo” por la divina intención. Ahora había llegado la “hora”, o momento de poner por obra aquella intención. Por ello pedía al Padre que llevara su naturaleza humana a la gloria de la preexistente majestad de su divinidad.

 

Nuestro Señor observó aquí la continuidad de una misión que iba del Padre a Él, y de Él a los apóstoles…

 

Tras haber pedido que los apóstoles se mantuvieran en el amor, nuestro Señor pidió a su Padre que los alejara de todo mal. Dijo que estaba dejando este mundo, pero que ellos permanecerían, aunque el mundo los odiara de la misma manera que le crucificaría a Él. Ellos, y todos los que quisieran unirse a Él por medio de este cuerpo apostólico, habían de estar en el mundo, pero no ser del mundo. Nuestro Señor no pidió al Padre que ellos fueran preservados de enfermedad, burlas, pruebas o falsas acusaciones; sólo pidió que fueran guardados del pecado. Los asaltos del exterior debían ser contrarrestados por la resistencia desde dentro.

 

Ahora Jesús pedía al Padre que los mantuviera en santidad. “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal... Santifícalos con la verdad; tu palabra es la verdad.” (Juan 17:15-17)… La religión es vida, ciertamente, pero se desarrolla desde la verdad, no aparte de la verdad. Se ha dicho que no importa lo que uno crea, sino la manera de comportarse. Esto es un absurdo desde el punto de vista psicológico, puesto que una persona actúa según lo que cree. Nuestro Señor puso primeramente la verdad o la fe en Él; luego vinieron la santificación y las buenas obras. Pero aquí la verdad no es un ideal vago, sino una persona… La santidad viene a ser la respuesta que da el corazón a la verdad divina y a su ilimitada misericordia para con la humanidad.

 

Nada guardaba para sí; todo cuanto Él era en cuerpo, sangre, alma y divinidad lo pondría por ellos en una sumisión completa. Allí donde su sangre, la del Cordero de Dios, fuera derramada estarían su Espíritu y su santificación. Nadie le llevaría a la muerte. Él mismo se ofrecería por causa de ellos, a fin de convertirse en manantial de su vida. Entonces tanto Él, que santificaba, como ellos, que eran santificados, serían una sola cosa. Los pecados del mundo eran transferidos a Él, y el resultado de esto era la cruz; su santidad y su santificación fueron transferidas a sus apóstoles y a aquellos que por medio de ellos creyeron en Él… “A aquel que no conoció pecado, le hizo pecado, a causa de nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21)

 

La tercera parte de su plegaria fue para aquellos que al correr de los siglos creerían en Él debido a los apóstoles. “No ruego solamente por éstos, sino también por aquellos que han de creer en mí por medio de las palabras de ellos; para que todos sean uno; así como tú, oh Padre, eres en mí y yo en ti, que ellos también sean una cosa en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Y la gloria que me has dado a mí, yo se la he dado a ellos; para que ellos sean una cosa, así como también nosotros somos una cosa; yo en ellos, y tú en mí, para que sean hechos perfectos en la unidad; para que conozca el mundo que tú me enviaste, y que los has amado, como me has amado a mí.” (Juan 17:20-23)

 

Aunque ahora estaba dirigiéndose sólo a once hombres, tenía presente en su mente a todos los millones de personas que con el tiempo creerían en Él por medio de los apóstoles y de los sucesores de éstos. Es preciso que exista un lazo de unión entre los creyentes y Él, fundado en la unidad superior que existe entre Él y el Padre… De la misma manera que el cuerpo es uno debido a que posee una sola alma, así la humanidad será una cuando tenga el mismo Espíritu que hace que el Padre y el Hijo sean uno solo en el cielo.”

 

(Capitulo 40, pgs. 370 – 376)



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