La Cuaresma Dia 17 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

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LA CUARESMA – DIA 17: Lunes Marzo 20

 

“Un día nació un niño en Kerioth. Sus padres, esperando que llegara a ser un gran hombre, le pusieron el nombre de "Alabanza". Amigos y parientes acudieron con obsequios para honrar aquel nuevo ser que había venido al mundo. No muy lejos de allí, otro niño nació en la aldea de Belén. Pastores y sabios llevaron regalos a este niño, cuyo nombre significaba “Salvador”. Muchos años más tarde, el niño de Belén encontró al niño de Kerioth; nuestro divino Señor llamó a Judas para que fuera apóstol suyo.

 

Era el único de Judea entre los apóstoles, ya que los demás eran galileos. Debido probablemente a su talento administrativo, común a los de Judea, Judas era el más apropiado para ser el tesorero de los apóstoles. Emplear, si es posible, a una persona en aquello para lo que está más capacitada, supone alejarle de la apostasía y el descontento. Pero, al mismo tiempo, las tentaciones de la vida suelen venir casi siempre de aquello para lo cual tiene uno más aptitudes. También es preciso que exista un fallo interno antes que se produzca uno externo. El único fallo de Judas de que se nos habla en los evangelios era el de la avaricia. En él estaba este pecado tan arraigado, que fue la causa de todos sus males: “Bueno le fuera a tal hombre no haber nacido.” (Mateo 26:24)

 

Una lectura superficial de la vida de Judas nos hace creer que la base de su traición estuvo en la noche de la última cena. Ésta no es la realidad, ya que la primera vez que se nos habla de la traición de Judas es cuando nuestro Señor se anunció a sí mismo como el Pan de Vida. El comienzo y el fin del acto traicionero de Judas están asociados con la idea de Cristo como Pan de Vida. El primer conocimiento que tenemos de la traición de Judas no es de cuando nuestro Señor instituyó la conmemoración de su muerte en la última cena, sino cuando prometió que lo haría, durante los primeros días de su vida pública. En este incidente de la vida divina que estaba convirtiéndose en alimento para los hombres, fue donde se insertó el primer registro acerca de la traición de Judas. “Desde el principio sabía Jesús quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.” (Juan 6:64)

 

La manecilla del reloj señalaba ya hacia la hora de su muerte; hasta aquel momento soportó nuestro Señor la presencia de uno que había de entregarle. El anuncio del Pan de Vida fue el comienzo de la decepción deJudas; nuestro Señor estaba hablando de una clase de reino distinto al que Judas esperaba. El descontento de Judas debió de acrecentarse al día siguiente, cuando vio que nuestro Señor rehusaba ser rey y huía a las montañas solo.

 

El sexto día antes de la crucifixión se celebró una gran cena en Betania, en la que sirvió Marta, y Lázaro fue uno de los que estaban con Jesús. Conociendo María mejor que ninguno de los otros invitados el futuro que aguardaba a Jesús y lo inminente que era su muerte, le ungió, preparándole así para su sepultura. Al ver Judas derramar el ungüento, en seguida calculó lo que podía valer. Ésta era la semana de poner precio a las cosas, puesto que dentro de unos días él mismo tasaría la vida de nuestro Señor en treinta monedas de plata. Y ahora evaluó el ungüento en algo así como el salario de trescientos jornales, ya que en aquellos días el promedio de un jornal era de un denario. Según escribe Juan: “Dijo entonces uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le iba a entregar: ¿Por qué este ungüento no fue vendido por trescientos denarios y dado a los pobres?” (Juan 12:4-5)

 

Judas era demasiado materialista para que pudiera interesarle la belleza de aquella acción. No supo ver que hay algunas ofrendas demasiado sagradas para que se les pueda poner precio… Judas sabía solamente que estaba próximo el momento en que entregaría al Maestro; María sabía que estaba próxima la muerte del Maestro. Cubriéndose con la máscara de la caridad, Judas fingió enfadarse porque se despilfarraba un perfume tan costoso, pero Juan nos ha dado en su evangelio el verdadero motivo que le inducía a hablar de aquel modo: “Esto lo dijo, no porque tuviese cuidado de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, se llevaba lo que se echaba en ella.” (Juan 12:6)

 

Mientras María, en su devoción, estaba haciendo inconscientemente los preparativos para honrar al muerto, Judas, en su egoísmo, estaba contribuyendo conscientemente a aquella misma muerte. ¡Qué contraste entre la bolsa de dinero de Judas y el vaso de alabastro de María; entre la verdadera liberalidad y el interés hipócrita hacia los pobres!

 

Al hablar Jesús nuevamente de una manera abierta y clara acerca de su muerte, diciendo que María le ungía para un sacrificio, Judas conoció que si había de lograr algún provecho de su asociación con Jesús tenía que hacerlo sin perder tiempo. En un cataclismo, algo tiene que ser salvado. “Entonces, uno de los doce, aquel que se llama Judas Iscariote, fue a los príncipes de los sacerdotes, y dijo: ¿Qué queréis darme para que yo os lo entregue? Y le pagaron treinta siclos de plata, y desde entonces buscaba ocasión oportuna para entregarle.” (Mateo 26:14-16)

 

Si era simbolismo que nuestro Señor fuera vendido por dinero del templo destinado a la compra de víctimas para los sacrificios, era aún más simbólico que aquel que tomó la forma de esclavo fuera vendido también al precio de un esclavo.”

 

(Capitulo 38, pgs. 343-346)



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