La Cuaresma Dia 38 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

Compartelo



LA CUARESMA DIA 38 – Jueves, Abril 13

 

“Nuestro Señor habló siete veces desde la cruz. Esto es lo que se llaman sus Ultimas Siete Palabras. En la Biblia se registran las palabras de otros tres personajes en el momento de morir: Israel, Moisés y Esteban. La razón de ello quizá sea la de que no se han encontrado otros personajes tan significativos y representativos como éstos. Israel fue el primero de los israelitas; Moisés, el primero de la dispensación legal; Esteban, el primer mártir cristiano. Las palabras que estos tres hombres pronunciaron al morir iniciaron un período sublime en la historia de las relaciones entre Dios y los hombres.

 

En su bondad, nuestro Señor nos legó sus pensamientos de la hora de la muerte, porque Él — más que Israel, más que Moisés, más que Esteban — era el representante de toda la humanidad. En esta hora sublime llamó a todos sus hijos junto al púlpito de la cruz, y cada una de las palabras que dijo tuvo el propósito de una eterna proclamación y un consuelo inmarcesible. Jamás hubo predicador como Cristo moribundo; nunca hubo concurrencia como la que se congrega alrededor del púlpito de la cruz; nunca hubo sermón igual al de las Ultimas Siete Palabras.

 

La Septima Palabra:

 

Su sexta palabra había sido dirigida a la tierra; la séptima iría dirigida a Dios. La sexta había sido su adiós al tiempo; la séptima era el comienzo de su gloria.

 

“¡Padre,

en tus manos encomiendo mi espíritu!”

(Lucas 23:46)

 

 

Estas palabras no fueron pronunciadas con un susurro como del que lanza su último suspiro. Ya había dicho antes que nadie le quitaría la vida, sino que la pondría de sí mismo. La muerte no puso la mano en el hombro de Él para invitarle a partir de este mundo; Él mismo salió al encuentro de la muerte. Para mostrar que no moría de agotamiento, sino por un acto de su voluntad, profirió sus últimas palabras. “Clamando otra vez a gran voz.” (Mateo 27:50)

 

Es el único ejemplo en la historia de un moribundo que sigue viviendo. Sus palabras de despedida fueron una cita de los salmos de David: “En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡tú me has redimido, Dios de verdad! Aborrezco a los que observan vanidades mentirosas, mas en cuanto a mí, en el Señor he esperado. Me regocijaré y me alegraré en tu misericordia; porque has visto mi aflicción; has conocido mis angustias.” (Salmo 31:6-9)

 

No se refugiaba en Dios porque debiera morir; más bien su muerte era un servicio dado a los hombres y el cumplimiento de la voluntad del Padre. Es difícil para el hombre, que cree que morir es la crisis más terrible de su vida, comprender la alegría que inspiraba estas palabras del Cristo moribundo… El Verbo encarnado, después de consumar su misión sobre la tierra, regresaba ahora al Padre celestial que le había enviado a realizar la obra de la redención.

 

En aquel día el Cordero de Dios fue sacrificado, y todas las profecías se cumplieron. La obra de la redención quedó consumada. Hubo la ruptura de un corazón en un rapto de amor; el Hijo del hombre inclinó la cabeza y quiso morir.”

 

(Capitulo 49, pgs. 462 – 463)



Más Reflexiones [+]

+ reflexiones