La Cuaresma Dia 40 - VIDA DE CRISTO, por Fulton Sheen

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LA CUARESMA DIA 40 – Sabado, Abril 15

 

“El cuerpo del Salvador pendía inerte en la Cruz...

 

La intervención de dos hombres ricos:

 

Uno de ellos era Nicodemo, el discípulo secreto de Jesús, que hacía sus apariciones durante la noche. Nicodemo era un doctor de la ley considerado como maestro en Israel. Desde el principio conoció que nuestro Salvador era un Maestro enviado por el cielo, aunque, para conservar su autoridad y no exponerse al odio de sus paisanos, siempre habló con Jesús en secreto.

 

El otro hombre rico, José de Arimatea, le cedió la nueva sepultura. Este último había pedido a Pilato el cuerpo de nuestro Señor, y Pilato se lo concedió.

 

Eran notables la riqueza, el rango y la posición de estos dos hombres… Siglos antes Isaías había profetizado que nuestro Señor sería “rico en la muerte”; ahora es entregado al rico José de Arimatea.

 

Estos dos hombres, junto con algunos fieles seguidores, se dispusieron a bajar de la cruz a nuestro Señor, a desclavarle de ella y quitarle la corona de espinas. Al inclinarse sobre aquella figura, sobre la cual la sangre se había coagulado, sólo los ojos de la fe podían distinguir las señales de realeza. Pero, con un amor que rompía todos los lazos del cálculo egoísta, aquellos dos rezagados y discípulos secretos trataban de demostrar su lealtad.

 

Nicodemo y José ungieron el cuerpo con cien libras de mirra y especias, y lo envolvieron en blanquísimo lienzo. El modo cuidadoso de embalsamarle más bien parecía sugerir que estos dos discípulos clandestinos no esperaban la resurrección, lo mismo que les ocurría a los apóstolos. Fisicamente, querian cuidarlo; mas desde el punto de vista espiritual, todavía no se daban cuenta de quién era. El interés que mostraban en cuanto a su sepultura era una prenda del amor que le profesaban, pero no de que creyeran en El como la Resurrección y la Vida.

 

“En el lugar donde fue crucificado, había un huerto.” (Juan 19:41)

 

Las palabras “huerto” o “jardín” sugieren la idea del Edén y el hecho de la caída del hombre; como asimismo, por medio de las flores que en él había, sugiere la idea de la primavera de la resurrección de entre los muertos. En aquel huerto estaba la tumba en la que “jamás había sido enterrado nadie”. Nacido de un vientre virginal, fue sepultado en una tumba virginal; y, como dice Crashaw, “un José fue en ambos casos el prometido”. Nada parece más repulsivo que tener una crucifixión en un jardín; y, sin embargo, ello había de ser compensado, ya qué aquel jardín había de tener su resurrección. Nacido en una cueva ajena, sepultado en una tumba ajena, tanto el nacimiento humano como la muerte humana fueron extranjeros a su divinidad. La tumba de un extraño también, porque ya que el pecado le era extraño, asimismo érale extraña la muerte. Al morir por otros fue colocado en la tumba de otro. Su tumba era prestada porque había de devolverla por el Domingo de Resurreccion, de la misma manera que devolvió el pollino sobre el que montó el domingo de Ramos y el aposento alto que empleó para celebrar la última cena.

 

Enterrar es simplemente un plantar. Más adelante Pablo, del hecho de que Jesús había sido enterrado en un huerto, deduciría la ley de que, si nosotros somos plantados en la semejanza de su muerte, seremos levantados con El en la gloria de su resurrección.”

 

(Capitulo 53, pgs. 479 – 480)



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