Nunca Abandonado

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Lunes, Abril 24 del 2017

 

Lo vi hace unos años ya – y me pareció tan extraño, tan fuera-de-lugar, tan triste.

 

Entonces, le tomé una foto.

 

 

Y luego, se me olvidó hasta el otro día, cuando volví a encontrarme con la foto.

 

Y así como me sentí cuando lo vi por primera vez, me dio tristeza recordar la escena de ese día…

 

Estábamos en un lindo parque en la ciudad de Ibagué, en Colombia. Mi esposo había sido invitado para enseñar y predicar en una de las iglesias de la ciudad, y habíamos decidido tomar un tiempo una tarde para caminar en el parque y disfrutar su belleza. Dondequiera que mirábamos, podíamos ver flores y arbustos y arboles floreciendo en brillantes colores.

 

Vimos un estanque en la distancia, entonces decidimos cruzar un gran campo de pasto verde para llegar al lugar donde veíamos lindas flores y helechos creciendo en el borde del agua. A la mitad del camino por el gran campo de pasto verde, me dio por mirar hacia abajo por donde caminaba – y allí, en la mitad de “la nada”, había un huevito acostado solito en la grama.

 

No había ningún nido. No había ninguna ave-madre. No había nada por ningún lado. Solo este lindo y blanquísimo huevo que al parecer había sido abandonado en pleno césped.

 

Seguimos caminando, pero por un rato mirábamos hacia atrás. Pero nunca llegó ninguna ave-madre para albergar y proteger el huevo, para calentar e incubarlo, para alimentar y cuidar su polluelo hasta que fuese lo suficiente maduro para defenderse solo.

 

Ese huevo había sido olvidado allí en medio del gran campo de pasto verde. Rechazado. Repudiado. Abandonado.

 

Y al pensar en el potencial de ese huevito, todo lo que hubiese podido llegar a ser si no hubiese sido tirado y desechado, sentí tristeza.

 

Y pensé en las muchas personas en este mundo, así como el huevito, quienes se sienten rechazadas y repudiadas y abandonadas – quienes, si no fuese que ellas también un día fueron tiradas y desechadas, hubiesen tenido el potencial de llegar a ser alguien especial, alguien grande.

 

Pero luego, me acordé que sí hay Alguien quien ha prometido nunca dejarnos y nunca abandonarnos.

 

“Esforzaos y cobrad ánimo;

no temáis…

porque Jehová tu Dios es el que va contigo;

no te dejará, ni te desamparará.”

(Deuteronomio 31:6)

 

Que, aun si todo el resto del mundo nos rechazara y nos abandonara, aun nuestras propias madres y nuestros propios padres, El nunca nunca lo hará.

 

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.”

(Salmo 27:10)

 

Que, aun si un día pensaríamos que quizás El sí nos haya rechazado y abandonado, no somos los primeros de Sus hijos que han temido eso – y que es imposible que El lo hiciera, por el lugar donde nos tiene guardados.

 

“Pero Sion dijo: Me dejó Jehová,

y el Señor se olvidó de mí.

¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz,

para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?

Aunque olvide ella,

yo nunca me olvidaré de ti.

He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida…”

(Isaías 49:14-16)

 

 

Su Hijo Jesús es El quien dijo:

 

“…he aquí

yo estoy con vosotros todos los días,

hasta el fin del mundo.”

(Mateo 28:20)

 

Sí, ese hermoso huevo blanco quizás estuvo solo y abandonado en ese gran campo de pasto verde hace unos años. Y sí, quizás haya muchas personas en este mundo que se sienten igual a ese huevo: rechazadas y desamparadas. Tu, leyendo esta reflexión, quizás eres una de esas personas.

 

Pero podemos tener por seguro, podemos esforzarnos y cobrar animo y mantenernos sin temor en la promesa que nuestro Dios en el cielo nunca nos dejará y nunca nos desamparará – que no importa quien en este mundo nos rechace, El nos recogerá – que es imposible que El se olvide de nosotros porque somos esculpidos en las palmas de Sus manos – que no importa cuan solos quizás nos sintamos durante nuestras vidas, El sin duda alguna estará con nosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos.



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