1 Corintios 3:16

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Lunes, Julio 17 del 2017

 

“¿No sabéis que sois templo de Dios,

y que el Espíritu de Dios

mora en vosotros?”

 

¡Esto, de verdad, es increíble, si uno lo piensa bien!

 

Yo: pecaminosa, débil, frágil, variable, enfermiza y envejeciendo como soy. ¡Y Dios me considera a mi Su “templo”!

 

Yo: con todos mis defectos y errores, todas mis manchas e imperfecciones. ¡Y el más Santo y puro y perfecto Espíritu de Dios mora en mi!

 

Antes de la llegada de Cristo a la tierra, y la llegado del Espíritu Santo sobre cada creyente en el día de Pentecostés después de Su ascensión – en la época del Antiguo Testamento – Dios solo estaba presente en algunos lugares y Su Espíritu solo bajaba sobre algunas personas:

 

- cuando el pueblo de Israel anduvo en el desierto de Sinaí por 40 años, la morada de Dios era el Tabernáculo

- cuando el pueblo ya había tomado posesión de la Tierra Prometida de Canaán, la morada de Dios fue el Templo

- en general, el Espíritu de Dios bajaba solo sobre algunos individuos especiales, como profetas y lideres y algunas personas comunes y corrientes, y se quedaba solo el tiempo necesario para cumplir con Su misión

 

Luego, cuando Jesús vino y vivió en la tierra, El mismo era el “tabernáculo” o la morada de Dios entre los hombres. Como Juan 1:14 declara: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” Y cuando fue bautizado por su primo Juan en el Rio Jordán, “he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mateo 3:16-17)

 

Después de la ascensión de Jesús, en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo apareció una vez más: esta vez mientras todos los creyentes estaban juntos en un lugar, con el estruendo de un viento recio celestial el cual llenó toda la casa, con lenguas de fuego que se asentaron sobre cada uno – y con una llenura de gran poder, así como Jesús mismo les había prometido antes de irse.

 

Desde ese día, la llenura y la morada del Espíritu Santo están disponibles para cada creyente en Jesucristo como Salvador y Señor de su vida. Ya no viene sobre ellos por un tiempo no más – ahora viene para quedarse, viviendo y morando dentro de ellos con dinamismo y con poder. Desde ese día, todo aquel que confesare con su boca que Jesús es el Señor, y creyere en su corazón que Dios le levantó de los muertos, será salvo – y su mente y corazón, cuerpo y espíritu serán la morada del Espíritu Santo de Dios.

 

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:19-22)

 

Entonces, recuerda esto hoy, por increíble que parece ser: tú mismo eres el templo de Dios, Su tabernáculo, Su morada – ¡y Su Espíritu vive en ti!

 

1 Corintios 3:16: definitivamente vale la pena memorizar y guardarlo en nuestros corazones!



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