2 Corintios 3:16

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Martes, Julio 25 del 2017

 

“Pero cuando se conviertan al Señor,

el velo se quitará.”

 

“El velo”.

 

Hay tanto significado teológico profundo en esta pequeña palabra.

 

Se menciona una y otra vez tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

 

Primero, se mencionó en Éxodo 34:29-35. Moisés había subido al Monte Sinaí para pasar tiempo a solas con Dios y para recibir las dos tablas con los 10 Mandamientos escritos sobre ellas con el dedo mismo del Todopoderoso. Cuando bajó la montaña, “no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios” – y todo el pueblo de Israel tuvo miedo de acercarse a él. Entonces Moisés les decía a ellos lo que Dios le había dicho a él, y luego ponía un velo sobre su rostro. “Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con Él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado… y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro…”

 

También está el velo que fue puesto en el Tabernáculo en el desierto de Sinaí, y luego en el santo Templo construido en Jerusalén: un velo grueso pero exquisito que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo – que separaba al hombre pecador de la presencia de un Dios perfectamente santo – porque, sobre la tierra, el Todopoderoso moraba en el Lugar Santísimo. Solo una vez al año en el Día de la Expiación, solo el sumo sacerdote, y solo cuando él se había consagrado completamente delante de Dios, podía entrar con sangre al Lugar Santísimo para hacer expiación por sus pecados y por los pecados de todo el pueblo de Israel.

 

Tristemente, también hay un velo espiritual que endurece nuestro corazón. Como lo dice 2 Corintios 3:14-15: “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.” Y no solo al pueblo de Israel: a muchas personas en el mundo hoy en día, ese mismo velo espiritual está puesto sobre el corazón y les mantiene el entendimiento endurecido contra la verdad de la gloriosa presencia de Dios.

 

Pero hay esperanza, una esperanza firme y audaz!

 

Porque algo maravilloso pasó con el velo físico que antes estaba en el Tabernáculo y que luego se volvió a hacer para el Templo, ese velo que literalmente protegía al hombre pecador de la presencia de un Dios gloriosamente santo. Cuando Cristo Jesús estaba en la cruz, cuando clamó a gran voz por ultima vez y luego entregó el espíritu, “… he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” (Mateo 27:51)

 

“Entonces, ¿qué decimos acerca de esto? ¿Qué significado tiene este velo rasgado para nosotros hoy en día? Sobre todo, el rasgar del velo en el momento de la muerte de Jesús dramáticamente simbolizaba que Su sacrificio, el derramar de Su propia sangre, era suficiente expiación para el pecado del mundo. Significaba que ahora el camino al Lugar Santísimo estaba abierto para todas las personas, por todos los tiempos, tanto judíos como gentiles. Cuando Jesús murió, el velo se rasgó, y Dios salió de ese lugar para nunca jamás morar en un templo hecho por manos.” (sacado de http://www.gotquestions.org/temple-veil-torn.html)

 

Como Hebreos 10:19-23 lo dice tan claramente y hermosamente:

 

“Así que, hermanos,

teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo

por la sangre de Jesucristo,

por el camino nuevo y vivo

que él nos abrió a través del velo,

esto es, de su carne,

y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

acerquémonos con corazón sincero,

en plena certidumbre de fe,

purificados los corazones de mala conciencia,

y lavados los cuerpos con agua pura.

Mantengamos firme,

sin fluctuar,

la profesión de nuestra esperanza,

porque fiel es el que prometió.”

 

A través de Cristo – y solo a través de Cristo – el velo que cubre nuestro corazón y que endurece nuestra mente se quita (v.14) Como lo dice nuestro versículo 3:16 de esta semana: ““Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.”

 

Y cuando eso sucede, cuando ese velo grueso espiritual que nos endurece la mente y nos separa de la gloriosa presencia de Dios se levanta, cuando la verdad de Cristo quien es La Verdad (Juan 14:6) ha brillado en nuestro corazón y lo hemos conocido… entonces, estaremos libres de verdad (Juan 8:32) – y habrá libertad de verdad porque el Espíritu del Señor habrá venido: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” (2 Corintios 3:17) El velo que nos cubre el rostro a nosotros se quita, y todos nosotros podemos mirar la gloria del Señor. El velo que nos cubre el rostro a nosotros se levanta, y todos nosotros “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3:18)

 

El velo: antes definitivamente separaba al hombre de Dios.

 

El velo: a través de la muerte sacrificial de Cristo Jesús en la cruz, el velo ahora rasgado en dos nos abrió el camino para todos los que decidimos buscar al Señor para ser recibidos en Su presencia.

 

Querid@ amig@: ¿lo has hecho tú? ¿Has buscado al Señor y has descubierto que el velo que cubría tu mente y tu corazón fue levantado y quitado? Si no, hazlo por favor: estarás eternamente agradecida!

 

“Así que,

arrepentíos y convertíos,

para que sean borrados vuestros pecados;

para que vengan de la presencia del Señor

tiempos de refrigerio.”

(Hechos 3:19)

 

Entonces, memoricemos este versículo 3:16 esta semana:

 

“Pero cuando se conviertan al Señor,

el velo se quitará.”

 

Y demos gracias y regocijémonos en el significado eterno que tiene para nuestras vidas!



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