El Legado del Castillo de Wartburg en Alemania

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Martes, 7 de noviembre del 2017

 

Era jueves, 25 de agosto – y mi esposo y yo estábamos en el Día 13 de nuestra travesía por Europa.

 

Dos días antes, habíamos llegado a la ciudad de Erfurt en Alemania, donde nuestros amados amigos Toby & Diana y su linda hijita Martha viven y ministran con la todavía-muy-cristiana sucursal alemana de la YMCA.

 

Ese día, nos dirigíamos a las afueras de Erfurt – a la ciudad de Eisenach y al Castillo de Wartburg, los dos siendo Patrimonios Mundiales de la UNESCO.

 

Pero más acerca de nuestro tiempo tan memorable en esos lugares dentro de un ratico…

 

Hace un tiempo ya, mientras estaba en mis momentos matutinos con Dios, llegué a estas palabras de 1 Pedro 1:23-25:

 

“Siendo renacidos,

no de simiente corruptible, sino de incorruptible,

por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Porque:

Toda carne es como hierba,

Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.

La hierba se seca, y la flor se cae;

mas la palabra del Señor permanece para siempre.

Esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”

 

Mientras meditaba en estas palabras, me acordé de ese día especial que pasamos en el Castillo de Wartburg: el lugar donde Martin Lutero, el gran reformador protestante de la Iglesia Católica Romana, pasó 11 meses en exilio como Junker Joerg de 1521-1522 – el lugar donde, entre otras cosas, tradujo el Nuevo Testamento del griego original al alemán en solo 11 semanas. ¡Allí, en el Castillo de Wartburg, vimos el cuarto y el escritorio y la silla donde este gran legado sucedió hace 500 años!

 

Martin Lutero, en su desilusión y su frustración con la Iglesia Católica y sus enseñanzas en esos días, y con su propia lectura y sus propios estudios de las Escrituras, un día renació de la simiente incorruptible de Jesucristo – y al llegar a un entendimiento cada vez más profundo de su nuevo nacimiento y su nueva libertad y gozo, quería que todos a su alrededor pudiesen experimentar lo mismo. Entonces, escondido por un tiempo en el Castillo de Wartburg por el Príncipe Federico el Sabio después de ese día tan trascendental en Octubre 31 del 1517 (exactamente hace 500 años), cuando clavó sus 95 Tesis condenando los excesos y la corrupción de la Iglesia Católica Romana en la puerta de la Iglesia del Palacio en Wittenberg Alemania, Lutero pasó sus días trabajando en una nueva y fresca traducción del Nuevo Testamento el vernáculo alemán de la época – una traducción que posteriormente fue publicada en el año 1522. La Biblia de Lutero en su totalidad fue publicada unos 12 años más tarde, en 1534 – y, gracias a la imprenta de Gutenberg que había sido inventada en el 1450, esa Biblia rápidamente llegó a ser la más conocida, la más circulada y la más influyente de todas las traducciones de la Biblia al alemán. La Biblia de Lutero también contribuyó significativamente al desarrollo del idioma del alto alemán que todavía se usa hoy en día.

 

¿Y por qué una traducción de la Biblia al vernáculo alemán de la época fue tan importante para Lutero?

 

- porque había llegado a entender que únicamente la Palabra de Dios, y no las tradiciones y las enseñanzas de la Iglesia Católica, vive y permanece para siempre – y que únicamente por la Palabra de Dios hay un nuevo nacimiento

 

- porque había llegado a creer que el ser humano, por toda su belleza y toda su gloria, es como hierba que se seca y flores que se marchitan y se caen – y que únicamente la Palabra de Dios perdura para siempre

 

Allí, en el Castillo de Wartburg, mi esposo y yo vimos de primera mano una pequeña parte del legado de Martin Lutero: el lugar donde se sentó y trabajó para que la eterna Palabra de Dios pudiese ser accesible a todos los alemanes en su propio idioma – donde lo que hubiese podido seguir siendo “corruptible” en un griego o en un latín que solo unos pocos podían entender, llegó a ser “incorruptible” al poderse comprender por todos – donde muchos ahora podían oír y leer la viva y perdurable Palabra de Dios y entenderla lo suficiente para nacer de nuevo.

 

Querid@ amig@: ¿tú te das cuenta de que tú y yo (y toda nuestra supuesta gloria como seres humanos) de verdad somos no más que la hierba que se seca y las flores que se marchitan – y que solo la Palabra de Dios permanece para siempre? ¿Entiendes que es solo a través de esta viva Palabra de Dios que tú puedes nacer de nuevo, así como lo menciona el apóstol Pedro – no un nacimiento físico de la simiente corruptible de tus antepasados, sino un nacimiento espiritual de la simiente incorruptible de Jesucristo?

 

Hoy, al recordarme de nuestra tarde en el Castillo de Wartburg y al volver a ver en mi mente el cuarto donde Martin Lutero trabajó tan arduamente en una traducción fresca del Nuevo Testamento al alemán – doy gracias a Dios por él y por el legado que dejó atrás. A través de su determinación y su compromiso y su incansable esfuerzo, la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre llegó a ser accesible y viva y transformadora para la gente de su época, y para todas las generaciones que han llegado después.



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