Que Rey Es Este?

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Domingo, Diciembre 24 del 2017

 

Jesús, el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

 

Primero, era un “bebé”: un bebé quien fue predicho por profetas – nacido del Espíritu Santo y de una humilde virgen – anunciado y pregonado por ángeles – glorificado por pastores – adorado por reyes magos. Un bebé quien trajo buenas nuevas de gran gozo y de paz para todo el pueblo. Un bebé quien trajo Dios entre nosotros – quien trajo salvación de los pecados – quien trajo la eternidad del cielo a la tierra.

 

Luego, este bebé llegó a ser un “niño”: un niño quien entendió lo que significaba huir de la envidia de reyes violentos – quien entendió lo que significaba ser un extranjero en un país extraño – quien entendió lo que significaba ser desarraigado una y otra vez. Un niño quien, como todos los niños, creció y se fortaleció – pero quien, a diferencia de la mayoría de los niños, también fue lleno de una sabiduría de lo alto, y sobre el cual la gracia de Dios reposaba de una manera especial. Un niño quien, a los 12 años de edad, mientras la mayoría de los niños están jugando en las calles, sabia sin duda alguna que El tenía que estar en la casa de Su Padre celestial y cumpliendo con Sus negocios.

 

Luego, este niño llegó a ser un “hombre”: un hombre quien predicó y quien enseñó por toda Galilea, quien contestaba preguntas y quien refutaba desafíos con sabiduría y autoridad. Un hombre quien sanaba a los enfermos, quien reprendía los espíritus inmundos, y quien echaba fuera demonios con poder y poderío. Aun el mundo natural obedecía las reprensiones de este hombre a enmudecer y aquietarse. Este hombre fue lleno de compasión por los perdidos, los enfermos, los oprimidos, los desamparados y los dispersos alrededor de El. Este hombre era Emanuel, “Dios con nosotros” – quien vino para servir, y para ser el Salvador del mundo.

 

Y ahora, este bebé que se hizo niño que se hizo hombre, es Rey. Como dice el villancico:

 

“Éste, éste es Cristo el Rey…”

 

 

Pero no cualquier rey.

 

Este Jesús, este Cristo, este Hijo del Dios viviente es el Rey de todos los reyes y el Señor de todos los señores.

 

Fue declarado rey aun antes de Su nacimiento en la tierra – porque iba a descender del linaje real de David e iba a nacer en la ciudad en David, en Belén.

 

Al nacer, fue declarado rey por el ángel Gabriel: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre.” Y fue declarado rey por los magos del oriente: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea… vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”

 

Durante Sus tres años de ministerio en la tierra, El mismo se declaró un rey espiritual cuyo reino y cuyos súbditos no eran de este mundo.

 

Cerca del final de su vida terrenal, y solo unos días antes de que fuera crucificado, El entró a Jerusalén como rey triunfante, cumpliendo con la profecía de Zacarías que decía: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno…”

 

El reinado de Jesucristo también fue un tema en Su juicio – y El fue declarado rey en Su crucifixión: “Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos.”

 

Ahora, crucificado y resucitado y ascendido a lo alto:

 

“[Jesús] siendo el resplandor de su gloria,

y la imagen misma de su sustancia,

y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,

habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados

por medio de sí mismo,

se sentó a la diestra de la Majestad en las Alturas.”

 

“Entonces vi el cielo abierto;

y he aquí un caballo blanco,

y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero…

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre:

Rey de Reyes y Señor de Señores.”

 

Jesucristo: bebe, niño, hombre – y ahora el Rey de todos los reyes y el Señor de todos los señores.

 

“¿Quien es este niño…?

 

Tráiganle incienso, oro y mirra,

Vengan, campesinos y reyes, y reconózcanlo.

El Rey de reyes trae salvación

Que corazones llenos de amor lo entronen.

 

Éste, éste es Cristo el Rey,

A quien los pastores guardan y para  quien los ángeles cantan:

Corran, corran a traerle loor,

Al bebé, al hijo de María.”



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