Maletas Expulsadas y Semillas Regadas

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Sábado, Enero 27 del 2018 

 

 

Sucedió tan rápido. 

 

Por un momento los cuatro estaban felizmente de regreso de un evento intensivo de entrenamiento cristiano en evangelismo y en oración en Quito Ecuador – apretados en un carro viejo junto con materiales de enseñanza y fotos y diapositivas, volando por las curvas montañosas un poco más allá de Pasto en Colombia, por la tardecita de enero 25 del 1985. 

 

Pero en el siguiente momento, apareció un bus enorme, el chofer del carro viró hacia la barrera de protección para evitar chocarse contra el bus, el carro fue levantado por encima de la barrera, se balanceó hacia adelante y hacia atrás por unos segundos en un silencio escalofriante – y luego se fue estrellándose y golpeándose hacia abajo por la ladera empinada de la montaña, dando volteretas por 400 metros hacia llegar a su último y fatal lugar de descanso.  

 

Todo y casi todos fueron expulsados del carro por el camino: maletas y bolsas y cajas llenas de materiales de enseñanza y fotos – y tres de los cuatro hombres que habían viajado en el carro. El cuarto hombre, Hernando Hernández, el chofer y él que llevaba el cinturón puesto, no logró ser tirado del carro. El, junto con el carro, encontraron su última parrada terrenal varios cientos de metros más abajo por el abismo.  

 

Dos de los hombres, Álvaro y Juan Gabriel, estaban bien golpeados y moreteados, y uno tenía la rodilla lesionada – pero en general, estaban bien. Ellos dos se deslizaron por la ladera de la montaña desde donde habían sido expulsados, buscando a los otros dos. Uno vio al tercer pasajero, a Rubén Darío, siendo llevado cerro arriba de mano de un desconocido – sabían que él de una manera u otra estaba siendo auxiliado. Entonces, continuaron hacia abajo hacia los restos del carro, esperando encontrar y poder salvar al chofer. Pero sus heridas fueron demasiado graves – la hora demasiado tarde y el cielo demasiado oscuro – la ladera de la montaña demasiado empinada – y ayuda médica, aunque buscada de una, llegó demasiado tarde. Por más que lo intentaron, y por más que oraron, el gran líder y gran amigo Hernando Hernández murió en los brazos de Juan Gabriel.  

 

 Hernando Hernandez

 

Rubén Darío fue llevado a un hospital en la ciudad de Pasto. ¿Por quién? Hasta el día de hoy, nadie sabe. Alguien – ¿un ángel quizás? - lo encontró en el abismo en la oscuridad, le ayudó subir la montaña hacia la carretera principal, y lo llevó a Pasto para recibir atención médica. Rubén Darío estaba casi muerto al llegar: tenía lesiones en la cabeza, no tenía dientes, tenía 13 fracturas de costilla, el pulmón perforado, 4 vertebras rotas - ¡un cuadro aterrador para la vista, me dijeron!  

 

Pero, ¡gracias sean dadas a Dios! – y gracias a las oraciones de mucha gente en todo el mundo – ¡Rubén Darío se recuperó milagrosamente! ¡Y yo estoy tan agradecida que fue así - porque 5 años más tarde, me casé con él! 

 

La semana pasada, los tres sobrevivientes de ese accidente fatal hace 33 años, Álvaro y Juan Gabriel y Rubén Darío y sus esposas, se reunieron por tres días para recordar la muerte y celebrar la vida. Escuchamos el recuento del accidente desde el punto de vista de cada uno de los tres hombres – conmemoramos a Hernando: su liderazgo, su celo, su carisma, su amor por Dios y su pasión para que otros Lo amaran también – y oramos y Le agradecimos a Dios por haber conservado la vida de los otros tres hombres, quien cada uno siguió sirviendo al Señor junto con sus esposas e hijos: Álvaro como pastor en Medellín Colombia – Juan Gabriel como médico en Tucson Arizona – y Rubén Darío como pastor en Armenia Colombia.  

 

 Ruben Dario, Juan Gabriel y Alvaro

 

Mientras orábamos y llorábamos con corazones a la vez agradecidos y dolidos, tuve una visión: me acordé de que Juan Gabriel y Álvaro nos contaron que, el día después del accidente cuando regresaron a los restos del carro para sacar a Hernando, la ladera de la montaña estaba atiborrada de gente – gente que estaba robando todo lo que podía agarrar con las manos y llevar de regreso a casa. Las maletas expulsadas del carro por el accidente la noche anterior, y todo su contenido, se estaban esfumando delante de sus ojos.  

 

Pero lo que yo vi en la visión era más que solamente unas maletas que habían sido expulsadas de un carro dando volteretas abismo abajo. Yo vi semillas, muchas muchas semillas, que fueron regadas mientras el carro y Hernando se estrellaron y se golpearon bajando la ladera de la montaña hacia su muerte.  

 

Yo sabía que, por la caída en suelo y la muerte de una semilla en ese día, muchas muchas otras semillas fueron regadas. Y a través de los años y los siglos desde entonces, esas semillas han crecido a ser hermosas y fructíferas plantas en todo el mundo.  

 

"Ciertamente les aseguro que,  

si el grano de trigo no cae en tierra y muere,  

se queda solo.  

Pero, si muere,  

produce mucho fruto." 

(Juan 12:24 – NVI) 

 

"Les digo la verdad,  

el grano de trigo,  

a menos que sea sembrado en la tierra y muera,  

queda solo.  

Sin embargo,  

su muerte producirá muchos granos nuevos,  

una abundante cosecha de nuevas vidas." 

(Juan 12:24 – NTV) 

 

Yo lo sé, porque Álvaro y Juan Gabriel y Rubén Darío me lo contaron, que por muchos años Hernando había anhelado y había orado y había evangelizado por ver "una abundante cosecha de nuevas vidas" en Cristo. No creo que él sabía ni sospechaba, y todos nosotros que quedamos ciertamente no entendemos porque tenía que ser así, pero la semilla de su vida sembrada en la tierra y muriéndose ese día hace 33 años sí produjo lo que había sido la pasión de Hernando: "mucho fruto" – "una abundante cosecha de nuevas vidas" comprometidas a amar a Jesús como él lo había hecho.  

 

Enero 25 del 1985. 

 

Lo que la mayoría de las personas vieron ese día fue desastre y tragedia – lesiones y muerte. Lo que vieron fueron maletas expulsadas de un carro por toda la ladera de una montaña: su contenido representando los esfuerzos y los éxitos y la gloria del hombre que a través de los años habían sido capturados en papel y en fotos – ahora primeramente arrojadas por todas partes, y luego arrebatadas y robadas. 

 

Pero lo que Dios vio ese día, y lo que El me permitió ver por un momentico durante nuestra oración el otro día, fue el resultado de una semilla que cayó en tierra y se murió: por haber muerto, no se quedó sola – se multiplicó en innumerables e incontables semillas que fueron regadas y voladas y plantadas por todo el mundo, verdaderamente una rebosante cosecha de nueva vida en Cristo para muchos.



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