Quien Eres, Senor?

Quien Eres, Senor? Compartelo



Martes, Mayo 22 del 2018

 

Iba para Damasco en Siria, respirando amenazas y muerte.

 

Tenía fama de asolar la iglesia, porque sentía gran celo por el Dios de sus padres, Abraham e Isaac y Jacob. El entraba casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la cárcel. Cuando arremetieron contra Esteban (uno de los primeros siete diáconos de la iglesia, varón lleno de fe y del Espíritu Santo) y lo apedrearon, este joven consintió en su muerte y quedó con las ropas de Esteban a sus pies.

 

Esa vez, camino a Damasco, tenía unas cartas que había pedido del líder religioso de la época. Pensaba llegar a las sinagogas, hallar a los discípulos del Señor – hombres o mujeres de "este Camino" – y traerlos presos a Jerusalén.

 

Podría haber sido un miembro de ISIS.

 

Solo que vivía en el primer siglo. Su nombre era Saulo.

 

Ese día en ese camino, no contaba con que lo sobrenatural lo iba a postrar y confrontar. No esperaba una luz y una voz del cielo que le iban a cambiar y transformar la vida para siempre.

 

"En el viaje sucedió que,

al acercarse a Damasco,

una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor.

Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía:

'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?'

'¿Quién eres, Señor?', preguntó.

'Yo soy Jesús, a quien tú persigues', le contestó la voz."

(Hechos 9: 3-5)

 

Un momento Saulo estaba respirando amenazas, cárcel y muerte para los seguidores de Jesús. Y al otro momento ese mismo Jesús lo rodeó de luz, lo tiró a tierra, y lo confrontó con una pregunta tanto confusa como aterradora para él: "¿Por qué me persigues?"

 

Completamente derribado y abatido, Saulo preguntó: "¿Quién eres, Señor?"

 

Y escuchó la voz que jamás pensó oír, la voz que jamás quería oír, decirle: "Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues."

 

Un momento pensaba conocer a fondo a Dios. Después de todo, era hebreo de hebreos, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, circuncidado al octavo día, instruido a los pies de Gamaliel, y en cuanto a la ley, fariseo e irreprensible. Pero al otro momento, Saulo se encontró caído al suelo, sin poder preguntar otra cosa que "¿Quién eres, Señor?"

 

En ese momento de postración y humillación, reconoció que no conocía al Señor para nada.

 

Porque no sabía que el Señor era Jesús. Y no entendía que al perseguir a los seguidores de Jesús, estaba persiguiendo a Jesús mismo.

 

Solo cuando la luz y la voz de ese Jesús que tanto perseguía irrumpieron en su vida cotidiana y lo derribaron a tierra, solo cuando él estaba en ese estado de doblegamiento, pudo por fin levantar los ojos al cielo y empezar a conocer al Señor de verdad.

 

Cuantas veces nos pasa lo mismo. Cuantas veces nos tiene que pasar lo mismo.

 

Del resto, andamos por nuestros propios caminos a Damasco en toda nuestra seguridad y orgullo religiosos, convencidos de conocer a Dios y estar en lo correcto delante de El.

 

Hasta que El irrumpa en nuestras vidas, cerca de Damasco – y nos postra, nos humilla, y nos confronta con la verdad de quien es El.

 

Allí entonces empieza para nosotros un nuevo andar para conocer al verdadero Señor. Allí se nos cambia el resto de nuestro camino a Damasco: ya no andamos en la prepotencia de nuestro supuesto conocimiento de Dios – más bien, andamos humildemente, reconociendo que todavía tenemos mucho, pero mucho, por aprender y conocer.

 

Saulo preguntó: "¿Quién eres, Señor?"

 

Yo también he preguntado en estos días: "¿Quién eres, Señor?" Porque el Dios que he creído conocer está irrumpiendo constantemente en mi vida, sorprendiéndome, derrumbándome, forzándome a levantar los ojos y los oídos al cielo para ver y oír quien es El de verdad.

 

Al hacerlo el domingo pasado en la iglesia, mientras mi esposo predicaba acerca del encuentro sobrenatural de Saulo con Jesús, yo sentí oír la voz de Jesús que me decía: "Tú también me preguntas quién soy. Te lo diré. Yo soy... "

 

Y me acordaba que El había dicho:

 

"Yo soy el pan de vida."

 

"Yo soy la luz del mundo."

 

"Yo soy la puerta de las ovejas."

 

"Yo soy el buen pastor."

 

"Yo soy la resurrección y la vida."

 

"Yo soy el camino, la verdad, y la vida."

 

"Yo soy la vid verdadera."

 

"Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el ultimo.”

 

Todas las anteriores son conocidas como las declaraciones metafóricas de los “Yo soy” de Jesús – donde El se asemeja a alguien o a algo.

 

Sumado a éstas, son las declaraciones absolutas de los “YO SOY” de Jesús – donde El no se iguala a nadie ni a nada más, donde El simplemente dice: “YO SOY.”

 

Ese domingo en la iglesia sentí una invitación de parte de El a conocerlo mejor a través de estas multifacéticas declaraciones de "Yo soy“ y “YO SOY.”

 

Qué significan? Qué significaban para los oyentes hace 2000 años? Qué significan hoy en día? Qué significan específicamente para mí?

 

Acompáñenme en las próximas semanas aquí en Reflexiones Para Vivir, y aprenderemos juntos. No pretendo tener las respuestas concluyentes ni definitivas a estas preguntas: porque muchos eruditos han escrito volúmenes acerca de los "Yo soy... " de Jesús – y de hecho, ni en el número de cuántos son están de acuerdo. Solo quiero y pido que Jesús me ilumine con Su luz y me hable con Su voz – y de lo que me muestra, les comparto para que juntos Lo conozcamos mejor.



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