Jesus Dijo: Yo Soy La Puerta de Las Ovejas

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Martes, Junio 12 del 2018

 

 

Un redil. Una puerta. Un ladrón. Un portero. Un pastor.

 

Jesús definitivamente tenía una capacidad fascinante para capturar la atención de Sus oyentes.

 

Porque El les hablaba de cosas y de personas que entendían y conocían. Pero hablaba de ellas en analogías y en figuras literarias que los dejaban cuestionando e intrigados…

 

“De cierto, de cierto os digo:

El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,

sino que sube por otra parte,

ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta,

el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero,

y las ovejas oyen su voz;

y a sus ovejas llama por nombre,

y las saca…

Esta alegoría les dijo Jesús;

pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles:

De cierto, de cierto os digo:

YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS.

Todos los que antes de mí vinieron,

ladrones son y salteadores;

pero no los oyeron las ovejas.

YO SOY LA PUERTA;

el que por mí entrare,

será salvo;

y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;

yo he venido para que tengan vida,

y para que la tengan en abundancia.”

(Juan 10:1-10)

 

La cultura del pastoreo de antaño seguramente era bien ententida por los judíos en la época de Jesús. Pero para mí, hablar de rediles y ovejas, puertas y porteros está muy fuera de mi conocimiento. Entonces, el señor Google me rescató—y he aprendido unos datos fascinantes acerca del pastoreo en el antiguo Medio Oriente.

 

Tomado y traducido de  www.gotquestions.org/I-am-the-door.html:

 

“Las ovejas son totalmente dependientes del pastor quien los cuida con compasión. Los pastores eran los proveedores, los guías, los protectores y los compañeros constantes de las ovejas. Tan estrecho era el vínculo entre pastor y ovejas que, hasta el día de hoy, los pastores del Medio Oriente pueden dividir los rebaños que se mezclan en un pozo o durante la noche simplemente llamando a sus ovejas, quienes conocen y siguen a la voz de su pastor. Los pastores eran inseparables de sus rebaños. El pastor llevaba a sus ovejas a lugares seguros para pastar y las hacía recostar por unas horas en lugares de sombra. Luego, cuando caía la noche, el pastor llevaba sus ovejas a la protección de un redil.

 

Habían dos tipos de rediles o apriscos. Un tipo era un redil público que se encontraba en las ciudades y los pueblos. Tenía capacidad para varios rebaños de ovejas. Este aprisco estaba al cuidado de un portero, cuya función era cuidar la puerta del redil durante la noche y dejar entrar a los pastores por la mañana. Los pastores llamaban a sus ovejas, cada una reconociendo la voz de su pastor, y él las sacaba a pastar.

 

El segundo tipo de redil se encontraba en el campo, donde los pastores guardaban sus rebaños cuando había buen clima. Este tipo de aprisco no era más que un círculo de rocas amontonadas en un muro con una pequeña apertura para entrar. Era a través de esta apertura que el pastor entraba sus ovejas cuando llegaba la noche.

 

 

Ya que no había una puerta para cerrar—solo habia una apertura—el pastor aseguraba que las ovejas se mantenían adentro y que las fieras salvajes se mantenían afuera, acostándose en la entrada. Solía dormir allí mismo, en ese caso literalmente llegando a ser la puerta de las ovejas.”

 

 

Para los judíos en el época de Jesús, el pastoreo era una escena muy conocida. Todos sabían del cuidado de las ovejas en los rediles, del peligro constante de que las fieras salvajes y los ladrones entraran y mataran a sus rebaños, de la necesidad de los porteros en las puertas para asegurar que solo los pastores pudieran entrar…

 

La única manera correcta para entrar al redil era a través de la puerta. Los ladrones y salteadores obviamente trataban de entrar por otra parte. Y su único propósito era robar y matar y destruir las ovejas.

 

El pastor de las ovejas por otro lado, entraba por la puerta que el portero le abría. Esa puerta era la única legítima entrada al redil. Era la única apertura por la cual las ovejas podían estar seguras de que él que entraba de verdad quería criarlas y cuidarlas bien.

 

Y esa puerta era la única entrada por la cual las mismas ovejas deberían entrar y salir del redil. Nunca se pretendía de que las ovejas saltaran por el muro de rocas—se esperaba que entraran y salieran por la puerta.

 

Y entonces, Jesús hablaba con Sus oyentes de cosas que conocían—pero, añadía profundidad y significado espiritual a Sus metáforas para que aprendieran más de El y de ellos mismos.

 

Dios es el gran Pastor; y nosotros, Sus hijos, somos las ovejas. Somos completamente dependientes de El para que nos cuide y provea, nos guie y proteja, y para que sea nuestro compañero constante y fiel.

 

Nos vigila y nos cuida en lugares guardados y protegidos como los rediles: donde podemos estar a salvos de las fieras salvajes y los ladrones de esta vida que solo quieren robar y matar y destruirnos; y donde podemos encontrar refugio y descanso cuando estamos agotados.

 

Su Hijo, Jesucristo, es la única legítima puerta a través de la cual El como Pastor nos puede entrar al redil por la noche—y luego sacar del redil para pastar en el día. Como es en el pastoreo de las culturas antiguas, cuando el pastor se acostaba en la puerta del redil y dormía allí toda la noche, literalmente llegando a ser la puerta de las ovejas, así Jesús es tanto nuestro Pastor quien nos cuida y nos proteja; y como El mismo lo dice, la única puerta a la salvación y la vida abundante, la única puerta a la comunión íntima con el Padre (“… Nadie viene al Padre sino por Mi.” —Juan 14:6)

 

Querid@ amig@: entra hoy al redil y al rebaño del amor y de los cuidados y de la salvación de Dios; entra a través de la única PUERTA quien es JESUS; entra, para que puedas estar libre para salir de nuevo y encontrar el pasto de la vida abundante que solo El te puede dar y que tanto anhelas.



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