Entonces... Quien Eres, Senor? - Parte I

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Martes, Agosto 14 del 2018

 

 

Hace unos tres meses más o menos, un domingo por la mañana en la iglesia mientras mi esposo estaba predicando acerca de la historia de la dramática conversión del apóstol Pablo de un judaísmo militante a conocer a Cristo Jesús como su Señor, me estaba haciendo la misma pregunta que ese joven hizo cuando, durante su viaje a Damasco para perseguir y encarcelar a los seguidores del Camino, él vio una luz del cielo brillando alrededor de él, cayó en tierra y oyó una voz que le decía, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” En temor y temblor, él miró hacia arriba y dijo:

 

“¿QUIEN ERES, SEÑOR?”

 

Esa misma pregunta mía en ese entonces me llevó a escribir una serie de reflexiones acerca de las declaraciones “Yo soy” que Jesús hizo acerca de Sí mismo mientras vivía en la tierra.

 

JESUS dijo: YO SOY EL PAN DE VIDA

 

El es el verdadero pan del cielo, el pan de Dios, el pan de vida, quien quita toda hambre y ofrece vida eterna, porque alimenta y sacia el corazón y el alma y el espíritu.

 

Hoy, ahora, Él te está ofreciendo este verdadero pan — a Sí mismo. Recíbelo y come de Él. No deja que Él se vuelva frío y duro y mohoso como un pan olvidado en la cocina. Tómalo y come mientras El, como el pan recién horneado, todavía esté fresco y caliente para "salvar por completo a los que por medio de Él se acercan a Dios". "Les digo que este es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!”

 

JESUS dijo: YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

 

Como dijo Martin Luther King Jr.: “La oscuridad no puede expulsar la oscuridad: solo la luz lo puede hacer…” Por eso la gran necesidad de Jesús, la luz del mundo, que puede expulsar la oscuridad de pecado y maldad, perversidad y depravación, crueldad e inmoralidad en esta tierra donde vivimos. Solo El es “la luz verdadera” que expone todo la mentira y todo el engaño que se ocultan en las sombras. Solo El es “la luz verdadera” que alumbra e ilumina un mejor y mayor camino para andar.

 

Te invito a que hoy entres a Su perfecta luz.

 

JESUS dijo: YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS

 

El es la única legítima puerta a través de la cual Él como Pastor nos puede entrar al redil por la noche—y luego sacar del redil para pastar en el día. Como es en el pastoreo de las culturas antiguas, cuando el pastor se acostaba en la puerta del redil y dormía allí toda la noche, literalmente llegando a ser la puerta de las ovejas, así Jesús es tanto nuestro Pastor quien nos cuida y nos proteja; y como El mismo lo dice, la única puerta a la salvación y la vida abundante, la única puerta a la comunión íntima con el Padre. “… Nadie viene al Padre sino por Mi.”

 

Entra hoy al redil y al rebaño del amor y de los cuidados y de la salvación de Dios; entra a través de la única PUERTA quien es JESUS; entra, para que puedas estar libre para salir de nuevo y encontrar el pasto de la vida abundante que solo El te puede dar y que tanto anhelas.

 

JESUS dijo: YO SOY EL BUEN PASTOR

 

Como buen pastor, Jesús provee por Su rebaño: Su Palabra para nuestro alimento espiritual, las aguas vivas de Su Espíritu para renovarnos, y descanso y paz en Su presencia.

 

Como buen pastor, Jesús protege Su rebaño y lo mantiene a salvo: nunca nos abandona y huye cuando se avecina el peligro a nuestras vidas — siempre se queda para guardarnos y para defendernos.

 

Como buen pastor, guía y dirige a Su rebaño: porque nosotros tendemos a alejarnos y desviarnos hacia el peligro si El no va delante de nosotros mostrándonos el camino angosto y correcto.

 

Un buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas: y si toca, da su vida por ellas, voluntariamente… Así como lo hizo Jesús, en la Cruz del Calvario, hace más de 2000 años.

 

Y Jesús hace todo esto porque Le pertenecemos — porque nos conoce intimamente, nos llama por nuestro nombre, nos habla personalmente, y nos guia individualmente — y porque nos ama intensamente, de manera protectora y sacrificial, pero también con cariño y ternura.

 

Entra de nuevo aqui en Reflexiones Para Vivir este jueves agosto 2 para leer ENTONCES... ¿QUIEN ERES, SEÑOR? - PARTE II. 



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