Aprendiendo Una Fe Fuerte

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Viernes, Enero 18 del 2019

 

 

“¿Cuál es la mejor forma de tener una fe fuerte?”

 

Esa fue la pregunta que se le hizo un día a George Mueller, un muy conocido y amado evangelista y educador cristiano del siglo 19. Nació en Alemania, pero vivió su vida en Bristol, Inglaterra. Como Director del Orfanato Ashley Down, cuidó de más de 10,000 huérfanos. También estableció 117 colegios ofreciendo una educación cristiana a más de 120,000 niños.

 

“¿Cuál es la mejor forma de tener una fe fuerte?”, repitió Mueller. “La única forma de aprender una fe fuerte es padecer y sobrevivir grandes dificultades. Yo he aprendido mi fe al mantenerme firme en medio de pruebas severas.”

 

Interesante, la respuesta de Mueller. Porque según él, una fe fuerte solo se logra pasando por aflicciones – no es que sea la “mejor” forma; es la “única” forma. Y según él, una fe fuerte no se “tiene”; una fe fuerte se “aprende”, pasando por tribulaciones, soportándolas, y superándolas.

 

Así como lo hizo Abraham, patriarca del Antiguo Testamento. En Romanos 4:18-21 se dice de él: “Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: “¡Así de numerosa será tu descendencia!” Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.” Porque  “… Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.” (v.17)

 

Veinticinco años de espera para que se cumpliera la promesa de Dios, de que Abraham y Sara iban a tener un hijo y una descendencia multitudinaria de bendición para todas las naciones. Veinticinco años de dificultades y pruebas padecidas, de pecados cometidos y perdonados, de silencio y supuesta inactividad de Dios.

 

Pero Abraham se mantuvo firme:

 

- contra toda esperanza creyó y esperó

 

- su fe no flaqueó, aun viendo y reconociendo la realidad de su vejez y la esterilidad de su mujer

 

- no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe ante la promesa de Dios

 

- estaba plenamente convencido que Dios tenía el poder para cumplir lo que le había prometido

 

- sin dudar, creó que su Dios da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran

 

Como George Mueller miles de años más tarde, Abraham aprendió una fe fuerte padeciendo y sobreviviendo dificultades severas.

 

Amig@: ¿estás viviendo tribulaciones intensas en estos días? ¿estás sufriendo dolores y angustias muy profundos?

 

Como dijo A. B. Simpson, no desprecia “el valor de la presente oportunidad: si estás pasando por grandes aflicciones, tu estás en el pleno centro de una fe fuerte – un día agradecerás a Dios por esta escuela de pena que para ti llegó a ser una escuela de fe.”

 

Y como dijo C. H. Spurgeon: “Respuestas retrasadas a nuestras oraciones no son únicamente pruebas de fe, sino que nos dan la oportunidad de honrar a Dios a través de nuestra firme confianza en Él aun en medio de aparentes rechazos.”

 

Amig@: si tus promesas de Dios parecen estarse demorando, si para verlas cumplidas estás  pasando por grandes aflicciones …

 

- no desmayes, aliéntese tu corazón y esfuérzate en el poder que Dios te da

 

- no permite que tu fe vacile ni flaquee, sino reafírmala ante las promesas que Él te ha hecho

 

- cree, sin dudar, que Él puede resucitar aun lo muerto en tu vida, y que llama las cosas que no son todavía como si ya existieran

 

Así, como Abraham y como George Mueller, aprenderás a tener una gran y fuerte fe.   



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