Como Barro...

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Martes, Febrero 12 del 2019

 

¡Me fascinaba esa clase en el colegio! Era un descanso mental de todas las demás materias. Podía sentarme, y untarme las manos y los brazos hasta los codos – podía olvidar el mundo alrededor de mí, y concentrarme solo en crear algo hermoso y útil. Era mi clase de alfarería sobre torno - ¡y disfrutaba cada momento en ese salón de artesanías!

 

 

Al principio, parecía tan fácil: solo colocar el barro sobre la rueda, darle vueltas a ésta, formar la vasija deseada - ¡y ya – no problem! 

  

Pero las apariencias eran demasiado engañosas: en realidad, trabajar como alfarero era muy dispendioso y muy difícil – elaborar algo bello y funcional de una masa de barro sobre un torno era bien complicado. Yo tenía mucho, pero mucho, para aprender.

 

Por ejemplo:

 

- el barro no se coloca en la rueda en cualquier parte ni de cualquier manera – tiene que ser puesto exactamente en la mitad del torno... para que la vasija tenga una base firme y solida y para que sea centrada y equilibrada

 

- el barro no puede ser ni demasiado seco, ni demasiado mojado: demasiado seco, y no se puede moldear – demasiado mojado, y no se deja formar – tiene que tener una consistencia exacta, y un buen alfarero solo al tocar el barro sabe si está listo para ser trabajado

 

- si el barro tiene una imperfección, una piedrita o una arenita o aun una burbujita, por pequeñas que sean, éstas causarán una fisura en la vasija o harán que ésta se explote al calentarse en el horno

 

- al formar la vasija, el alfarero rodea o cubre el barro con sus manos y ejerce presión sobre él – una presión constante y no intermitente, una presión firme y no demasiado débil ni demasiado fuerte... para que la vasija se elabore tal como el alfarero la tiene visualizada en la mente

 

- el barro es tratado con presión de las manos, con pinchazos, con objetos punzantes, con pedazos de alambre... todo para que la vasija sea formada con los picos, las orejas, los cortes y el tamaño deseados

 

- el alfarero maneja la rueda: él maneja los arranques y las paradas, y maneja la velocidad y la constancia con la cual ésta da vueltas – uno pensaría que más rápido es mejor; pero por lo contrario, al menos al principio y para que se formen bien las paredes de la vasija, más despacio es mejor

 

- el alfarero siempre tiene bien claro, aun antes de empezar, qué es lo que quiere crear con el barro que tiene... lo que trabaja y forma con las manos es lo que ya ha visualizado en la mente y en el corazón

 

¡Todo ésto, y mucho más! 

 

Hace unos 2600 años, el profeta Jeremías tuvo una cita en la casa de un alfarero – porque Dios queria hablar con él allá.

 

Dice Jeremías 18:1-6:

 

“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:

Levántate y vete a casa del alfarero,

y allí te haré oír mis palabras.

Y descendí a casa del alfarero,

y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.

Y la vasija de barro que él hacia se echó a perder en su mano;

y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

Entonces vino a mi palabra de Jehová, diciendo:

¿No podre yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová.

He aquí que como el barro en la mano del alfarero,

así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.”

 

Amig@: sigue conmigo en unas próximas reflexiones, en las cuales miraremos bien algunas lecciones de vida que Dios tenia para enseñarle a Jeremías, y a nosotros también, en la casa del alfarero. 



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