Barro Centrado

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Jueves, Febrero 28 del 2019

 



Cuando fui a conocer el taller de alfarería de Don Jorge en un pueblo cerca de Armenia, y al empezar a mostrarme y explicarme el proceso de elaborar una vasija sobre un torno, me dijo: “Lo más importante es centrar el barro sobre la rueda.”

Y tiene sentido. El barro no se puede colocar en la rueda en cualquier parte ni de cualquier manera. Con el torno quieto, la arcilla tiene que ser puesta exactamente en la mitad, y más o menos en forma redonda. Al empezar a darle vueltas a éste, se mojan las manos con agua – y con firmeza y control, ejerciendo presión constante por los lados y desde arriba se va formando un cono, y luego un cilindro – siempre tratando de tener el barro balanceado y simétrico. Si no, uno resulta luchando y peleando para trabajarlo todo el tiempo; y la vasija que se hace no tendrá una base firme y solida y no será centrada y equilibrada.

Amig@: ¿has mirado y estudiado una vez a algo que gira y da vueltas? En la periferia, en la parte de afuera, se mueve desbalanceado y torcido. Pero en el centro, en la perfecta mitad, casi no se mueve y todo está en absoluta estabilidad y tranquilidad. 

Sí, Don Jorge tenía razón: todo el éxito al formar la arcilla en el torno empieza y termina con centrarla bien.

Y así con nosotros, barro en manos del Alfarero celestial: lo más importante para vivir bien es que seamos equilibrados; todo el éxito al formarnos en las vasijas que Él quiere que seamos empieza y termina con que seamos bien centrados; solo cuando estamos perfectamente centrados, es cuando encontraremos perfecto equilibrio y perfecta paz para nuestras vidas.
 
¿Y cuál es ese eje que debe girar nuestras vidas? Es Jesucristo, el Hijo de Dios.

Solo Jesús es “el Camino, y la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre sino por” él (Juan 14:6).

Amig@: ¿Estás perdido? Él es el Camino. ¿Estás confundido? Él es la Verdad. ¿Estás muerto en vida? Él es la Vida verdadera, abundante y eterna.

“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:11-12)

Amig@: no busca las respuestas a tus preguntas, la llenura de tus vacios, y la salvación para tu alma en otro lugar. “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres”, sino el nombre de Jesucristo, en que puedes ser salvo. 

“Jesús les dijo (a la multitud): ‘Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed … Porque ésta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquél que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna …’” (Juan 6:35,40)

Amig@: ¿tienes hambre? ¿tienes sed? ¿Pero no de comida ni de bebida, sino de algo más  significativo y más trascendente, un hambre y una sed en tu ser interior y en tu espíritu? Solo Jesucristo puede saciar esa hambre y calmar esa sed – solo Él puede llenarte y darte abundancia y plenitud en todo.

Es en Jesús, el unigénito Hijo del Dios viviente, que la vida de todo ser humano debe ser centrada. Él es la esencia y la fuente de todo lo que somos, de todo lo que queremos, de todo lo que necesitamos. Él es el eje que debe girar cada área de nuestras vidas: es decir, todo nuestro pensar, todo nuestro sentir, todo nuestro hablar y todo nuestro actuar. Una vida centrada en otra persona u otra cosa que no sea Él, es destinada a fracasar y auto-destruirse. Pero una vida centrada en Él, en Cristo Jesús, es una vida de esperanza y gozo, de bienestar y paz, de abundancia y bendición.

 

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria,
el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;
para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,
a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento,
para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
(Efesios 3:14-19)



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