Simplemente Soltar o Entregar

Compartelo



Lunes, 25 de marzo de 2019

 

 

Últimamente he estado pensando en los sueños.

 

No los sueños que tenemos por la noche, mientras dormimos. Sino los sueños que concebimos y cargamos en el corazón. Algunos son solo para nosotros mismos; otros son para los que amamos. Algunos hemos conservado por años; otros son más nuevos. Algunos, con profunda satisfacción y gratitud, hemos visto ricamente realizados; otros, muchas veces con un dolor constante, todavía anhelamos y esperamos que se realicen; y otros todavía hemos tenido que soltar por completo, porque hemos llegado a la sobria y agonizante realización de que simplemente nunca van a ser. 

 

Yo alabo a Dios por los sueños que he tenido que a través de los años se han hecho realidad. Siempre quise ser misionera – siempre quise viajar – siempre quise casarme – siempre quise tener hijos, los míos propios y unos adoptados. El anhelo de mi corazón desde el día que escogí seguir a Jesucristo fue servirle de alguna manera en el ministerio. ¡Gracias a Dios! ¡El me ha dado y estoy haciendo todo esto!

 

Pero tengo otros sueños atesorados en mi alma que no se han hecho realidad. Sueños para mi misma – sueños para los que amo – sueños para los que sirvo. Y la cosa más difícil de considerar y pensar en tener que aceptar es que quizás nunca se harán realidad. 

 

A la final, cuando todo se haya dicho y hecho, muchos de nuestros sueños nunca se habrán materializado como esperábamos. Porque, aunque creemos que los sueños que tenemos para nosotros mismos y para los que amamos son buenos, nuestros pensamientos y nuestros caminos no son los pensamientos y los caminos de Dios – Sus pensamientos y Sus caminos siempre son más altos y mejores que los nuestros (Isaías 55:8-9). Así que, cuando algunos o muchos de los sueños que atesoramos simplemente nos se realicen, tenemos que creer y confiar que los sueños de Dios para con nosotros son mucho más grandes y profundos.

 

¿Pero qué hacemos entonces con todos nuestros sueños? Esos sueños que son tan parte de lo que somos, esos sueños a los cuales nos aferramos tanto, esos sueños que tan desesperadamente queremos ver realizados. ¿Simplemente los soltamos? ¿Así no más? 

 

Pensé en mis propios sueños, para mi misma y para los que amo. ¿Simplemente los arranco de mi corazón, y ya? ¿Simplemente los dejo en algún lugar y me voy? ¿Simplemente trato de seguir con mi vida, decepcionada y frustrada y vacía por todo lo que he renunciado?

 

¿O puedo hacer algo distinto, algo mejor? ¿No puedo entregar mis sueños a Jesús, dejarlos al pie de Su cruz, en humildad y obediencia y confianza?  ¿No los puedo entregar al Dios quien me creó, quien me conoce, quien me ama – cuyos pensamientos y planes para mi son para bien y no para mal, para darme una esperanza y un futuro (Jeremías 29:11)? ¿En humildad no puedo dejar mis sueños delante de El quien conoce lo que es mejor para mi, y confiar que El me dará lo mejor, aun y especialmente si lo que es mejor no es lo que yo pienso que debería ser?

 

¡Si! Simplemente soltar reproduce más tristeza e ira y dolor. Pero entregar, y entregar ante Jesús cuya bondad y benevolencia son infinitas para los que Le aman – eso sí es mucho más sanador y regenerador.

 

Después de todo, ¿eso no es lo que Jesús mismo hizo? ¿El no tomó Su propia vida (no solo Sus sueños), y la dio, la puso, la entregó a Su Padre en la cruz? “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Eso es lo que el apóstol Juan, el discípulo amado, escribió en su Evangelio (15:13). Jesucristo no soltó Su preciosa y perfecta vida en cualquier lugar y de cualquier manera. ¡No! Por el gran amor que nos tiene a nosotros Sus amigos, El entregó Su vida en la cruz, y Se encomendó completamente a Su Padre celestial.

 

O Dios: hoy, por más difícil que sea negarme a mi misma y entregar mis sueños a Ti, mi voluntad y mi espíritu así lo escogen hacer. Escojo renunciar a y soltar mis propios deseos y esperanzas – no simplemente soltarlos por ahí, pero entregarlos al pie de la cruz de Jesús en toda humildad y obediencia. Y escojo tomar Tus sueños y anhelos para mi vida, confiada de que “a los que aman a Dios, TODAS LAS COSAS les ayudan a BIEN…” (Romanos 8:28)  



Más Contenidos [+]