No Hay Atajos

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Martes, Julio 23 del 2019

 

Me encanta Instagram. Realmente me encanta. Mi corazón que ama la fotografía y ama viajar por todo el mundo, se deleita en Instagram.

 

Para aquellos de Uds. que quizás no saben lo que es Instagram, es una red social para compartir fotos a través del Internet. Se trata de una aplicación para teléfonos móviles que te permite en primer lugar, tomar y luego publicar fotos que te gustaría compartir con otros Instagrammers que optan por "seguirte"; y en segundo lugar, que te permite "seguir" a otros Instagrammers cuyas fotos te interesan a ti.

 

Así que ¿por qué me encanta tanto?

 

- porque amo la fotografía – me encanta tomar fotos - me encanta mirar fotos - me encanta constantemente estar aprendiendo y estudiando cómo tomar mejores fotos y fotos más profesionales

 

- porque me encanta viajar, y ver y conocer nuevos lugares en el mundo - y ya que hay muchos lugares que probablemente nunca llegaré a visitar a este lado del cielo, puedo visitarlos y disfrutar de ellos indirectamente a través de otros Instagrammers

 

- porque extraño los lugares que en algún momento de mi vida llamaba “mi hogar" - así que cuando veo fotos recientes tomadas de los pueblos que conozco y recuerdo en Ontario, Canadá, o de lugares que visité hace años en Austria, el país de mi herencia, entonces siento que un pedazo de "hogar" ha calentado mi corazón y mis recuerdos

 

- porque es una red social que me permite, a través de imágenes que a menudo valen más que mil palabras, en primer lugar mantenerme al día con mis seres queridos que viven lejos; y en segundo lugar, permitir que ellos también se sientan más conectados con mi vida, ya que me "siguen" a mí

 

- y porque yo lo uso, siempre que puedo, para hablar de Jesús, a quien yo conozco y amo, y a quien anhelo que los demás también puedan conocer y amar

 

Entonces: ¿por qué todas estas palabras acerca de Instagram? Porque hace unos días, al entrar en la aplicación y desplazarme hacia abajo a través de todas las fotos que habían sido publicadas desde la noche anterior, vi una que me habló. En realidad, fue el comentario que acompañaba la foto que más me habló. La foto era de un hermoso bosque en pleno verano – y el comentario decía: "No hay atajos a ningún lugar al cual vale la pena ir." Y eso me hizo pensar. Y mi pensar me llevó a escribir ...

 

 

Hace unos años, mi familia extendida junto con unos amigos fuimos a caminar al Puente Natural cerca de Slade, en el estado de Kentucky en los EEUU. ¡Que día tan maravilloso fue! La subida al puente natural de roca a unos 400 metros sobre el nivel del mar fue extenuante y agotador, cientas de escalas cuesta arriba a veces en unas escaleras hechas de madera y la mayoría del tiempo sobre una senda de piedras - ¡pero la vista tan increiblemente espectacular desde la cima cuando por fin llegamos valió la pena por cada paso riguroso que tuvimos que dar! Simplemente no había atajos a este lugar que tanto valió la pena conocer. 

 

Ahora, ¡qué tan cierto es este comentario en todos los ámbitos de la vida! Uno tiene que llegar a cualquier "lugar" al cual vale la pena ir por el camino largo y duro.

 

- un atleta que quiere ver la destreza física y el éxito tiene que entrenar y practicar por horas todos los días

 

- un profesional inteligente y académico tiene que estudiar duro durante años para lograr los objetivos codiciados

 

- un carácter maduro y honorable de integridad exige toda una vida para desarrollar

 

- un conocimiento profundo y un íntimo caminar de fe con Dios requiere toda una vida y más allá para cultivar

 

Así que, ¡sí! "No hay atajos a ningún lugar al cual vale la pena ir." Cualquier cosa que vale la pena buscar, cualquier cosa por la cual vale la pena trabajar, cualquier cosa que vale la pena lograr tiene que ser hecha de todo corazón, o simplemente no hecha. Cualquier cosa que vale la pena en la vida siempre va a demandar el camino largo, difícil y cuesta arriba para llegar.

 

Como Jesús dijo: “Solo puedes entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran." (Mateo 7:13-14)

 

El camino de la vida aquí en la tierra es siempre "todo o nada" - "blanco o negro" - la puerta estrecha y el camino angosto hacia el cielo, o la puerta ancha y la carretera amplia al infierno. Simplemente no hay intermedios, no hay grises, no hay terceros o cuartos caminos que nos llevarán a donde la mayoría de nosotros en lo más profundo de nuestros corazones queremos llegar. 

 

Las opciones son sencillas, pero no fáciles:

 

- día a día, en todas las pequeñas y grandes decisiones de la vida, escoges los atajos; o eliges el camino más largo y más duro porque la meta final lo vale

 

- y a través de toda una vida, escoges la puerta de entrada estrecha y el camino difícil de la "vida", que sólo unos pocos encuentran; o eliges la puerta ancha y la carretera amplia que muchos prefieren, pero que conducen a la "muerte" – en esencia, escoges el cielo, o eliges el infierno

 

Pero, puedes estar seguro de esto: sólo una opción - el camino largo y duro, y no el atajo - te llevará a un lugar al cual vale la pena llegar. 



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