Voy a Hacer Algo Nuevo

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Martes, Octubre 1 2019

 

La verdad sea dicha, no he escrito ni publicado nada “nuevo” en Reflexiones Para Vivir desde hace casi un año ya.

 

Oh, sí he publicado “algo” casi todas las semanas: principalmente reflexiones de años pasados nuevamente pensadas y trabajadas. Pero nada “nuevo”. Nada fresco. Nada recién salido del horno.

 

Algunos días, con el hecho de que sin duda alguna éste último fue el año más difícil de toda mi vida, yo tenía tanto para decir que no podía encontrar dónde empezar a escribir. Otros días, sentí que no tenía nada en absoluto para decir.

 

Algunos días, sentí que me estaban arrastrando en un aturdimiento de pérdidas y duelos y vacíos. Otros días, emociones encontradas y ardientes de todo tipo parecían hacer erupción en mi ser interior para abrumarme y sepultarme por completo.

 

Lentamente, sin embargo, al pasar los meses, el aturdimiento nublado ha empezado a levantarse. Y las erupciones volcánicas han empezado a calmarse.

 

Y en la creciente claridad y tranquilidad, he empezado a ver “algo nuevo” retoñar.

 

 

Realmente es extraño: ahora que estamos entrando a la estación del otoño aquí en el Canadá, y casi todos los seres vivos lentamente se están preparando para la inactividad de un invierno frío, yo por otro lado siento que el invierno congelado de mi corazón ha empezado a derretirse, y una primavera de “vida nueva” está empezando a germinar y brotar y florecer dentro de mí.

 

Lentamente, una nueva esperanza está renaciendo. Una nueva visión está siendo parida. Una nueva fuerza está siendo entregada.

 

Lentamente, las palabras de Isaías 43:18-21 habladas sobre nosotros varias veces por diferentes personas durante este último año se están haciendo realidad:

 

“Olviden las cosas de antaño;
    ya no vivan en el pasado.
¡Voy a hacer algo nuevo!
    Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto,
    y ríos en lugares desolados…
yo hago brotar agua en el desierto,
    ríos en lugares desolados,
para dar de beber a mi pueblo escogido,
al pueblo que formé para mí mismo,
    para que proclame mi alabanza.”

 

Estoy animada, más bien estoy mandada, a continuamente poner el pasado detrás de mí, a no considerarlo y a no concentrarme en él – a olvidar las cosas pasadas y no recordarlas más. Y a percibir y realmente ver ese “algo nuevo” que Dios está haciendo en mi vida, ahora – lo que El está provocando a que brote, hoy.

 

Donde la vida ha sido un desierto salvaje sin habitar y sin cultivar, Dios ha prometido limpiar y abrir un camino. Donde la vida ha sido un lugar desolado de fuertes extremos inhabitables, El ha prometido hacer brotar ríos de agua refrescante y renovador. Todo esto para Su pueblo, Su pueblo escogido, el pueblo que El creó y formó para Si mismo para que declare Su alabanza – todo esto para mí.

 

Estas palabras son muy similares a las palabras que El me habló directamente a mí hace unas semanas ya de Isaías 42:6-9:

 

“Yo Jehová te he llamado en justicia,

y te sostendré por la mano;

te guardaré y te pondré por pacto al pueblo,

por luz de las naciones…

Yo Jehová; este es mi nombre;

y a otro no daré mi gloria,

ni mi alabanza a esculturas.

He aquí se cumplieron las cosas primeras,

y yo anuncio cosas nuevas;

antes que salgan a luz,

yo os las haré notorias.”

 

¡Qué promesas! ¡Qué bendiciones!

 

Como dice el versículo 6 en la Traducción en Lenguaje Actual (TLA): “Yo soy el Dios único; yo te llamé y te tomé de la mano para que hagas justicia, para que seas ante mi pueblo señal de mi pacto con ellos, para que seas ante las naciones la luz que las ilumine.”

 

Pero no solo eso. Aquí también dice que las cosas primeras ya se cumplieron y deberían quedarse en el pasado. “Cosas nuevas” están siendo reveladas y anunciadas; aún antes que salgan a luz, están siendo proclamadas. Y es el Señor, Jehová es Su nombre – Aquel que no da Su gloria ni Su alabanza a nadie ni nada más – El es quien está declarando estas “cosas nuevas” sobre mi vida.

 

Por lo tanto, lentamente y tentativamente, estoy empezando a levantar la cabeza, a enfocar mis ojos, a sintonizar mis oídos – y a permitir que mi corazón una vez más crea que “cosas nuevas” sí son posibles ahora, y que las grandes pérdidas y el gran duelo del pasado están en el pasado y deberían quedarse en el pasado.

 

Así como el apóstol Pablo les escribió a los cristianos filipenses: “… Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14) Eso es lo que yo también estoy aprendiendo a hacer más y más: estoy aprendiendo a no mirar hacia atrás, y más bien a extenderme y a esforzarme por alcanzar lo que tengo por delante – prosiguiendo y corriendo hacia la meta para que, con toda seguridad, pueda recibir el premio del alto llamado celestial de Dios en Cristo Jesús para mi vida.

 

Ayer cuando terminé de escribir esta “nueva” reflexión, decidí caminar al centro comercial cerca de nuestro apartamento. Al llegar y al mirar hacia arriba al cielo azul lleno de nubes blancas, no podía evitar de sonreir. Todos los demás estaban ocupados en sus quehaceres del día. Nadie parecía darse cuenta, ver o aun importarle. Solo yo. Porque, quizás Dios lo había puesto allí solo para mí: la señal de Su pacto a la humanidad – un hermoso y completo arco iris asegurándome de Su eterno amor y Sus íntimos cuidados sobre mí.

 

 

“¡Voy a hacer algo nuevo!
    Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?”

 

 

 



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