Y Su Nombre Sera: Rey de Los Judios

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Viernes, Diciembre 20 del 2019

 

 

Esta es la historia de unos magos que vinieron del oriente para adorar al niño Jesús: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judios, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron …” (Mateo 2:1-9)

 

En la época bíblica, el titulo “rey” significaba mucho más de lo que significa hoy en día. En esos días, un rey era el máximo soberano y la máxima autoridad sobre una nación, y según la voluntad y los deseos de un rey los súbditos vivían y prosperaban, o morían. 

 

Esta narración habla de unos magos del oriente, que posiblemente fueran reyes, porque unas profecías del Antiguo Testamento hablan de que unos reyes iban a adorar el Mesías: “Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” dice en Isaías (60:3).  Y en los Salmos se habla de unos reyes trayendo presentes al Mesías (72:10).

  

La narración también habla del rey Herodes, el entonces rey de Judea designado por Roma. Herodes, al oír la noticia del nacimiento de un supuesto “rey de los judios”, fingió querer ir y adorarlo también, pero en realidad se molestó tanto que mandó matar a todos los niños varones menores de dos años para deshacerse de cualquier amenaza de otro rey en su lugar.

 

Pero el más importante de los reyes de esta narración sin duda es el “rey de los judios”, el titulo usado para Jesucristo 18 veces en los cuatro evangelios, pero solo al principio y al final de su vida terrenal. Al principio llegaron los magos a Jerusalén, preguntando por el lugar de nacimiento del “rey de los judios” – y al final, en su muerte, el letrero en la cruz decía: “JESUS NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS.” Nació y murió como “rey de los judios” – pero tristemente, la mayoría del pueblo de los judíos no reconoció ni se sometió a Su reino. 

 

¿Y nosotros? ¿Nosotros reconocemos y nos estamos sometiendo al reino del “rey de los judios”? Cada uno tenemos un reino interior que no podemos gobernar solos: nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestros deseos. Sin Cristo, ese reino interior es inmanejable y fuera de control. Solo Él quien nos creó y quien nos conoce íntimamente es suficiente sabio y poderoso para tomar las riendas de nuestra vida interior. Solo el “rey de los judios” debe estar sentado en el trono de nuestro corazón. ¿Le hemos dado ese lugar que solo Él merece?  



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