Reflexiones de Europa: Una Vida de Mas

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Lunes Abril 20, 2020

 

En estos primeros meses de 2020, días de pandemia mundial por el coronavirus, estamos escuchando noticias horríficas de todo el planeta - pero especialmente como el Covid-19 ha estado infectando y diezmando a varios países europeos como Italia, España, Francia y Gran Bretaña, y ahora también a los Estados Unidos, para nombrar solo las naciones más golpeadas.

 

Al pensar en estos países europeos -- tan viejos, tan históricos, tan culturales, tan hermosos, llenos de tantos lugares bellos para ver, y tantas cosas maravillosas para hacer, y tantas personas increíbles para conocer -- recuerdo el viaje que tomamos mi esposo y yo a Europa hace casi 4 años ya para celebrar nuestro entonces aniversario de plata. ¡Cómo disfrutamos cada minuto! ¡Cómo nos deleitamos en todo lo que vimos e hicimos, en cada persona que conocimos y todos los amigos y familiares con los cuales pasamos tiempos especiales, en todo lo que aprendimos en nuestras cinco semanas allá!

 

Entonces, en memoria de nuestros tan hermosos días en Europa hace unos años, he decidido volver a publicar unas reflexiones que escribí al regresar a casa en Colombia. Pensamientos y meditaciones sobre lugares que visitamos y cosas que hicimos, y lo que me enseñaron acerca de la vida y del ser humano y de Dios... porque son igual de relevantes hoy en día, en nuestro mundo plagado por abrumadoras crisis de salud y económicas, como lo fueron hace unos años atrás cuando la vida todavía era "normal"...

 

Hoy, del Baúl de Tesoros de Reflexiones Para Vivir:

 

Reflexiones de Europa: Una Vida de Más

 

(inicialmente escrita en 2016 -

pero increíblemente,

basada en el mismo versículo bíblico del cual escribí

para el Domingo de Resurrección hace tres días!)

 

Mi esposo y yo acabamos de regresar de un viaje de 5 semanas por Europa, celebrando nuestro 25avo aniversario del año pasado.

 

Visitamos a muchos queridos amigos en España y Francia y Alemania. Hicimos un lindo crucero por el Rio Danubio a través de Hungría, Eslovaquia, Austria y Alemania con unos días en la hermosa ciudad de Praga en la República Checa junto con una pareja que amamos. Y terminamos todo con un precioso tiempo con mi familia extendida en Austria.

 

¡Nuestro viaje fue increíble! ¡Simplemente y totalmente increíble! Cinco semanas de una impresionante hermosura, de deleite y de gratitud!

 

Ahora estoy de vuelta en mi casa en Colombia, sentada en mi oficina frente al computador, y mi mente y mi corazón son un revoltijo de maravillosas memorias, pensamientos y sentimientos que sin duda saldrán poco a poco en mis reflexiones en las próximas semanas y meses.

 

Entonces, ¡te invito a seguir en sintonía…!

 

 

Esta mañana, al mirar hacia atrás a nuestro tiempo en Europa, habiendo visto tantas exquisitamente hermosas catedrales e iglesias llenas de tantos turistas pero tan pocos verdaderos creyentes, habiendo hablado con gente de diferentes países y habiendo escuchado acerca de sus vidas muchas veces muy vacías y confundidas, llenas de desilusiones y frustraciones, las palabras de un tiempo de Dios que tuve hace unas semanas cobran un nuevo significado:

 

“¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!

Por su gran misericordia,

nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo,

para que tengamos una esperanza viva

y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable.

Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes,

a quienes el poder de Dios protege mediante la fe

hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.

Esto es para ustedes motivo de gran alegría,

a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego.

Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro,

al ser acrisolada por las pruebas

demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor

cuando Jesucristo se revele.

Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto;

y aunque no lo ven ahora,

creen en él

y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso,

pues están obteniendo la meta de su fe,

que es su salvación.”

(1 Pedro 1:3-9)

 

¡Sí! Dios, por Su gran misericordia, me ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tenga una esperanza viva y para que reciba una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. A través de toda Europa, vimos iglesias que en su momento de gloria eran hermosas, pero que a través del tiempo cayeron en ruinas – catedrales que alguna vez eran magníficas, pero que fueron dañadas y destruidas en guerras o en desastres naturales. ¡Bendito mi Dios que MI esperanza y MI herencia en Jesucristo son incorruptibles y eternas!

 

¡Sí! MI fe, probada y genuina, vale mucho más que el oro - ¡y como lo sentí así en Europa! Todo alrededor nuestro vimos y hablamos con gente que tiene tanto dinero, pero poca o nada de fe – tanto “oro” terrenal, pero tan poco “oro” celestial. Una mujer que conocimos en el crucero por el rio, alguien que según ella ha viajado por todo el mundo, cuando en un almuerzo le pregunté como había sido la mañana para ella, simplemente encogió los hombros, frunció el ceño, y me dijo: “Como todas las mañanas de mi vida: aburrida.” La miré con total sorpresa: ¿aburrida? ¿en un crucero de rio pasando por el lindo país de Alemania? ¿Cómo podría alguien sentirse aburrido? De hecho, ¿cómo alguien puede vivir una vida que siempre es aburrida? Al menos que esa vida siempre esté vacía de significado y no posea el verdadero “oro” de una fe genuina y viviente. Un hombre que conocimos en el crucero, alguien quien mostró bastante interés en nosotros y en nuestro trabajo de vida en toda la semana que estuvimos en el barco, cuando se despidió de nosotros, nos dijo: “Gracias por haberme inspirado a hacer más con mi vida que solamente ser jubilado y viajar - ¡gracias!” Nosotros damos gracias a Dios que nuestros testimonios de vida hablaron de algo genuino y más valioso que todo el “oro” en este mundo.

 

¡Y sí! Todavía no he visto a Jesús cara a cara – pero creo en El, Lo amo y todos los días me alegro con un gozo indescriptible y glorioso en El! Claro que sí, fue increíble viajar por Europa, viendo y experimentando algo nuevo y hermoso cada día – y, claro que sí, nosotros nos regocijamos y nos deleitamos en todo. Pero solo porque nuestro gozo mayor y más profundo viene de nuestra fe en Jesucristo, y la salvación que El ha provisto para nuestras almas. Sin esa herencia en el cielo, todos los placeres en la tierra son exactamente como la mujer en el barco pronuncio: aburridos y vacíos.

 

Entonces, yo oro por toda la gente sin fe, sin esperanza y sin gozo que conocimos de todo el mundo allá en Europa. Porque no solamente la gente de Europa es vacía – los seres humanos en todo lugar donde Jesús no está, son vacíos y buscan y anhelan más.

 

Y alabo a Dios porque, en Su gran misericordia, El me ha mostrado y me ha ofrecido una vida de “más”: ¡más fe, más esperanza y más gozo que jamás hubiese podido conocer sin El!

 

Querid@ amig@: ¿y qué de tu vida? ¿Conoces ese “renacer”? ¿Tienes esa “esperanza viva” y ese “gozo inefable y glorioso” que el apóstol Pedro menciona en su epístola? ¿Tienes esa fe genuina que es mucho más preciosa que el oro de la cual él escribe?

 

Si no, pídele a Dios que te las de. Sin duda alguna, lo hará – porque El es un Dios de grande misericordia.

 

Si sí, alaba y glorifica y hónralo por esos regalos de gracia, porque el fin de ellos es la salvación de tu alma.

 

 

 



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