Reflexiones de Europa: Piedras

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Martes Mayo 12, 2020

 

En estos primeros meses de 2020, días de pandemia mundial por el coronavirus, estamos escuchando noticias horríficas de todo el planeta - pero especialmente como el Covid-19 ha estado infectando y diezmando a varios países europeos como Italia, España, Francia y Gran Bretaña, y ahora también a los Estados Unidos, para nombrar solo las naciones más golpeadas.

 

Al pensar en estos países europeos -- tan viejos, tan históricos, tan culturales, tan hermosos, llenos de tantos lugares bellos para ver, y tantas cosas maravillosas para hacer, y tantas personas increíbles para conocer -- recuerdo el viaje que tomamos mi esposo y yo a Europa hace casi 4 años ya para celebrar nuestro entonces aniversario de plata. ¡Cómo disfrutamos cada minuto! ¡Cómo nos deleitamos en todo lo que vimos e hicimos, en cada persona que conocimos y todos los amigos y familiares con los cuales pasamos tiempos especiales, en todo lo que aprendimos en nuestras cinco semanas allá!

 

Entonces, en memoria de nuestros tan hermosos días en Europa hace unos años, he decidido volver a publicar unas reflexiones que escribí al regresar a casa en Colombia. Pensamientos y meditaciones sobre lugares que visitamos y cosas que hicimos, y lo que me enseñaron acerca de la vida y del ser humano y de Dios... porque son igual de relevantes hoy en día, en nuestro mundo plagado por abrumadoras crisis de salud y económicas, como lo fueron hace unos años atrás cuando la vida todavía era "normal"...

 

Hoy, del Baúl de Tesoros de Reflexiones Para Vivir:

 

Reflexiones de Europa: Piedras

 

Estaban dondequiera que yo miraba – dondequiera que caminaba.

 

Piedras.

 

Piedras en las muchas calles empedradas donde andábamos mi esposo y yo en Toledo, España y en Budapest, Hungría.

 

Piedras en puentes construidos hace siglos en ciudades medievales como Regensburg, Alemania y Praga, Republica Checa.

 

Piedras en las porciones todavía paradas de ancianos muros y torres de fortificación en Terrassa, España y en Bratislava, Eslovaquia.

 

Piedras en hermosas catedrales e iglesias en tantas ciudades que visitamos, ciudades como Estrasburgo, Francia y Viena, Austria.

 

Piedras pequeñas, piedras grandes – piedras redondas, piedras cuadradas – piedras lisas, piedras ásperas – piedras duras y firmes, piedras blandas y desmenuzadas – piedras de todos los colores…

 

Piedras usadas para construir cosas. Cosas necesarias y protectoras como calles y puentes, paredes y torres. Cosas hermosas y necesarias-en-otro-sentido como catedrales e iglesias.

 

Pensé en todo esto cuando estaba leyendo la 1a Epístola del Apóstol Pedro hace un tiempo: 

 

“Cristo es la piedra viva,

rechazada por los seres humanos

pero escogida y preciosa ante Dios.

Al acercarse a él,

también ustedes son como piedras vivas,

con las cuales se está edificando una casa espiritual.

De este modo llegan a ser un sacerdocio santo,

para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.”

(1 Pedro 2:4-5)

 

El apóstol Pedro también habló de piedras: Jesucristo, una piedra – y los elegidos de Dios, más piedras.

 

Pero Jesús no es cualquier piedra común y corriente de todos los días, según Pedro:

 

- El es la Piedra con P-mayúscula: la Piedra única, inigualable e incomparable

- El es la Piedra viva: la Piedra viviente que respira, la Piedra que un día fue encarnada en la tierra y que ahora y por siempre es resucitada, no algo inanimado y sin vida

- El es la Piedra muchas veces rechazada por constructores humanos, pero escogida y puesta por Dios como la preciosa principal Piedra del ángulo de Sion

 

Siglos antes, Dios había hablado a través del Rey David acerca de esta Piedra especial que iba a venir: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.” (Salmo 118:22)

 

Más adelante, habló a través del profeta Isaías acerca de esta Piedra también: “Por eso dice el Señor omnipotente: «¡Yo pongo en Sion una piedra probada!, piedra angular y preciosa para un cimiento firme; el que confíe no andará desorientado.” (Isaías 28:16)

 

Cuando Jesús, la Piedra, vivió en la tierra, les contó a los principales sacerdotes y ancianos del pueblo una parábola acerca de unos labradores malvados y como mataron tanto a los siervos como al mismo hijo del señor y dueño de una viña – refiriéndose a Si mismo como cumplimiento de las palabras escritas en el Salmo 118 del Rey David. (Mateo 21:42; Marcos 12:10; Lucas 20:17)

 

Lucas, el escritor de uno de los cuatro Evangelios y el escritor del Libro de los Hechos, escribió acerca de la defensa del apóstol Pedro delante del concilio de los judíos: “Jesucristo es “la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular”. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4:11-12)

 

Más adelante, el apóstol Pablo también habló de Jesús como Piedra: “… ustedes… son… conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular.” (Efesios 2:19-20)

 

Jesucristo: la Piedra con P-mayúscula – una Piedra viva – una Piedra escogida y preciosa – una Piedra probada – la Piedra angular.

 

Por eso Él es único, incomparable, inigualable: porque solo en Él hay salvación – porque no hay otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos – porque solo los que en El creen y confían como la cimiente firme de sus vidas nunca andarán desorientados.

 

Y nosotros, los elegidos de Dios, también somos piedras vivas. Al acercarnos a Él – la Piedra angular viviente – todos nosotros, juntos, estamos siendo edificados como casa o templo espiritual: para ser un sacerdocio santo que puede ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

 

Así como en todas las calles y los puentes, y en todas las paredes y torres e iglesias que vimos en Europa: nunca solo una piedra – allí solita – aislada – lejos de todas las demás piedras. Siempre cimentadas juntas con otras piedras. Porque una sola piedra nunca hizo una calle – nunca hizo una fortaleza – nunca hizo una catedral. Se requiere muchas piedras, todas juntas y unidas, para hacer eso.

 

De la misma manera, se requiere muchos elegidos de Dios, muchas piedras vivas todas juntadas y unidas y “cimentadas”, para hacer una casa espiritual para Dios.

 

Sí. Dondequiera que mirábamos y dondequiera que caminábamos mi esposo y yo en Europa, vimos piedras. Piedras útiles. Piedras hermosas. Piedras usadas para construir magníficas estructuras de todo tipo y estilo.

 

Pero no hay piedra en la tierra que jamás podría compararse con Jesucristo: la Piedra viva, mi Piedra viva – la Piedra angular, mi Piedra angular – la Piedra de salvación, mi Piedra de salvación. ¡Él es y por siempre será inigualable en el universo y en mi corazón!



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