La Muerte - Y Despues...

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Sábado, abril 28 del 2012

Ha habido muchas muertes en mi círculo de conocidos en estos últimos meses. Algunas personas las conocía yo – otras no, pero eran familiares o amigos de los que sí conozco y amo.

-    un apreciado diácono, y dos hijos de dos señoras, de la iglesia nuestra
-    el papá de una amiga de mi hija, y la mamá de una compañera de mi hijo
-    la anciana madre de un amado amigo nuestro, que vivía en otro país
-    un joven pastor, muy conocido y estimado, de otra ciudad

Y en este momento, una señora de la iglesia está muriendo de cáncer en la casa. Mi esposo la visitó ayer – le habló y oró por ella, preparándola para la muerte y la vida eterna. Lo admiro por lo que hizo – no fue una tarea pastoral fácil, pero sí fue importante y valiosa. La señora está triste por dejar atrás la vida y su familia – pero, gracias a Dios, está tranquila y confiada porque sabe que pronto estará con su Salvador Jesucristo.

Para los que conocieron y amaron y sirvieron a Jesús mientras vivían, ¿qué es la muerte? Es un final aquí en la tierra, pero un nuevo comienzo en el cielo. En las palabras del apóstol Pablo en Filipenses 1:21: “… para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Es una gran ganancia para la persona llamada a la presencia de Dios, porque allí “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4); porque ya la persona habrá entrado a la vida eterna y perfecta.

Amad@ amig@, que estás leyendo esta reflexión hoy: ¿estás muriendo? ¿crees en Jesús como tu Salvador y Señor? Si sí, esté tranquilo y confiado: pronto estarás en Su gloriosa presencia. Si no, te invito a que confieses con tu boca que Jesús es el Señor, y que creéis en tu corazón que Dios le levantó de los muertos – así de sencillo, y serás salvo. (Romanos 10:9) “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Amig@: tus días en la tierra están contados; te exhorto a que asegures tu destino final. Cree en y confiesa a Jesús como tu Salvador, y descansa: Su regalo de gracia para ti es vida eterna.
 
Amad@ amig@, que estás leyendo esta reflexión hoy: ¿conoces a alguien que está muriendo? Si esta persona no conoce, ni cree en, ni confiesa a Jesús – háblale, invítale a que lo haga, y ora con él/ella. Quizás tú serás la última o la única persona que lo pueda hacer. Si esta persona sí es discípulo de Cristo, descansen en cuatro palabras de Dios que siempre han traído consuelo y fortaleza en los tiempos de tristeza y duelo, tanto para los que saben que se están muriendo, como para los familiares y los amigos que los acompañan en sus últimos días:

“(Dios) no se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. (Salmo 147:10,11)

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:7,8)

"Bien, buen siervo fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en la presencia del Señor." (Mateo 25:21)
 
“Preciosa es a los ojos del Señor, la muerte de sus santos.” (Salmo 116: 15)

Nunca la muerte ha sido fácil – y nunca lo será. Pero acompañados por el Creador, el Redentor, el Sustentador y el Consumador de todo el universo, el pasaje de la vida terrenal a la vida eterna en el cielo será más llevadero y tranquilo para todos.



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