Anulado

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Miércoles Julio 1, 2020

 

 

Son las 4:30 de la madrugada. No puedo dormir. Entonces me levanto para buscar la faz y la voz del Señor para mi vida y para la vida de los que amo.

 

Regreso a mis pensamientos y mis meditaciones acerca de Tíquico: ese hombre cristiano del Nuevo Testamento, no muy bien conocido, quien muchas veces fue mandado por el Apóstol Pablo a los creyentes en distintas iglesias del primer siglo para que él confortara y alentara sus corazones.

 

Tíquico: su nombre, el nombre que le fue dado por sus padres cuando nació, significaba "al azar" o "suerte" o "fortuito". Por qué ellos le dieron ese nombre, un nombre que parece implicar incertidumbre, y arbitrariedad, e inestabilidad, y una perspectiva tan impredecible frente a la vida -- solo ellos habrían sabido.

 

Pero Dios sí sabía. Y sabía de una manera distinta. El habló de una manera distinta. Y actuó de una manera distinta. Porque Dios tenía distintos y definidos planes para este hombre que no tenían nada que ver con mero "azar" o "suerte".

 

Un día Dios irrumpió en la vida rutinaria y pagana de ese hombre de Asia Menor. Dónde y cuándo y cómo sucedió exactamente, no lo sabemos. Pero aquí está la clave: Dios se antepuso a todo lo que se había declarado sobre la vida de Tíquico por el poder del nombre que le fue dado -- y El puso Sus grandes y maravillosos propósitos y planes para este hombre en movimiento.

 

Porque así es Dios -- y así actúa Dios. Dios en la vida de una persona desbanca y anula, se antepone y prevalece sobre lo que era y lo que es -- y hace nacer y crecer en esa vida lo que El siempre había planeado y diseñado.

 

Tíquico no terminó sus días en la tierra viviendo una vida accidental y sin dirección. Tampoco terminó viviendo una vida anónima. Para todo el mundo desde el primer siglo cuando el Apóstol Pablo escribió sus epístolas y mencionó a Tíquico varias veces, es una figura bíblica para recordar, para aprender de él y para imitar. Con el verdadero Dios viviente en su vida, él llegó a ser un "hermano amado", un "fiel ministro" y un "consiervo en el Señor". A veces, acompañaba a Pablo en sus viajes misioneros por Grecia y Macedonia y Asia Menor, y apoyaba a Pablo en sus prisiones en Roma. Tiíquico posiblemente era el escritor de los dictados de Pablo, y definitivamente era el portador de sus cartas y su representante a las iglesias en Efeso y Colosas y posiblemente en la isla de Creta. También reemplazaba los líderes pastorales en esas comunidades de creyentes cuando Pablo pedía que los actuales líderes lo fueran a visitar donde él estaba.

 

Tíquico era un compañero amado y valorado por el Apóstol Pablo. Era un ministro leal, fiable y confiable, competente y congruente por dondequiera que Pablo lo mandaba. Era humilde y manso, obediente y con mentalidad de siervo. Tenía un corazón que confortaba y alentaba y edificaba la fe de los creyentes dondequiera que iba.

 

Puede ser que Tíquico empezó sus días al "azar" y por "suerte". Pero cuando Dios entró a su vida y a su corazón, El desbancó la arbitrariedad y eclipsó la inestabilidad que inicialmente habían sido pronunciadas sobre él, y le dio un nuevo y glorioso propósito y nuevos y gloriosos planes para su vida.

 

Y así para ti y para mi: con Dios en nuestros corazones y en nuestras vidas, no seguimos viviendo según lo que nuestra genética, nuestras experiencias de vida, lo que el mundo o la humanidad dictan sobre nosotros. Porque El reemplaza y prevalece sobre lo que fue y lo que es en nuestras vidas, para hacer nacer y hacer fructificar las intenciones magníficas y los diseños significativos que El tiene para cada uno de nosotros.

 

"Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios,

y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos.

También escogió Dios lo más bajo y despreciado,

y lo que no es nada,

para anular lo que es,

a fin de que en Su presencia nadie pueda jactarse...

Si alguien ha de gloriarse,

que se gloríe en el Señor."

(1 Corintios 1:27-29,31)



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